Cada nuevo escándalo se ve nublado por un acto de cinismo, de palabrería, o por nuevas actuaciones, vergonzosas en su mayoría, por parte la cúpula del poder que se mofa de los ciudadanos que todo lo tragan entero, y equipara hechos de suma seriedad con banalidades risibles como si la carrera informática fuera a dejar algo de tiempo para contar nuestra historia.
¿Qué pasó con los guerrilleros liberados por el Presidente en su fallido intento por mostrarle al mundo su gesto humanitario? ¿trabajan?, ¿estudian?, ¿delinquen? Como siempre al país ya no le importa, porque nadie se lo narra: y como éste otros miles de actos entran al olvido colectivo de este pueblo que vive en el afán de lo que es preciso, de lo que es noticia, de lo que es hoy.
Pero es que con tanta cosa que pasa en este país a diario, publicaríamos periódicos de la envergadura de Don Quijote de la Mancha, sólo que cubiertos de sangre, lágrimas e impunidad. Inenarrable, inmarcesible, inaprensible todo lo que pasa en este país.
Me cansé de andar pensando qué es lo preciso el día de hoy, si al fin y al cabo leer el periódico de ayer es lo mismo que leer el de hace tres días, cinco meses o cuatro años: nada nuevo, todo efímero, atestado de imprecisiones que no importan porque mañana habrá un error nuevo que llamará la atención de esta desprevenida Nación que se cree informada, indefectiblemente, sin razón alguna.
¿Y los guerrilleros liberados? Ni siquiera sabemos si eran guerrilleros, pero si así fuera da lo mismo si van de bus en bus llenando las filas del subempleo o si están disfrutando de una gruesa pensión pagada por nosotros los colombianos, porque ya el intercambio humanitario pasó a manos de Chávez y de la senadora Piedad Córdoba: probablemente han de fallar y mañana el cuento será otro; quizá Gabito entre a dar una anciana y ajada mano cansada de fotos y halagos y esta vez los animados sean los llamados intelectuales.
El ciclo del cinismo es, poco o más, ese sinfín de información que emerge a diario, sin ton ni son y que se oculta a punta de falacias, que no dejará tiempo a los historiadores para escribir nuestra historia. Está compuesto de tinos y desatinos que nublan la visión para saber lo que es preciso y relevante incluir en esta Iliada posmoderna en la que la batalla sólo la dan los grandes asesinos que desde el poder se jactan de mucha humanidad, de mucha representatividad.
Los medios, carroñeros y pendencieros, están sentenciados a ser de jueces de la verdad que dictaminarán lo que fue y lo que sabrán de nosotros nuestros hijos y nuestros nietos. Esos periodistas con mentalidad mecánica e irreflexiva son el sustento de la verosimilitud, que dista mucho de la verdad, y alimentarán, ipso facto, el ciclo del cinismo hasta que ya no sepamos quiénes somos ni mucho menos, para dónde vamos.
miércoles, noviembre 14, 2007
miércoles, noviembre 07, 2007
Xenofobia
A la niña ecuatoriana agredida en España se suma ahora un colombiano de más de 50 años. Recibió una paliza por un grupo de jóvenes que le dejaron serias heridas. (Ver nota http://www.eltiempo.com/internacional/espana/home/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3803988.html). Y, sin ir más allá, como lo publica la misma nota, en febrero de este año a un congoleño lo dejaron tetrapléjico en circunstancias similares. Estos actos xenófobos son repugnantes en cualquier parte del mundo y en contra de cualquier ciudadano del mundo; sin embargo es claro que en España está tomando dimensiones vergonzosas que deja ver mucho de lo que subyace a su sociedad.
Ahora bien: colombianos, peruanos, ecuatorianos y demás latinoamericanos devenimos, desgraciadamente, de esa raza petulante: compartimos algunas pocas cosas buenas como el idioma y otras muchas malas, innumerables, que nos dejaron luego de la conquista y del exterminio de los indígenas.
Cuando salió a la luz el caso de la niña ecuatoriana supuse que un sinfín de niños y jóvenes sin educación, sin formación y sin límites morales (no en el sentido religioso sino de convivencia pacífica) seguirían el terrible ejemplo de ese acto de violencia: efectivamente así fue.
Unos pocos días después de la paliza propinada a esta niña hubo una marcha antirracista: mucho negro, mucho latinoamericano y poco español. Triste pero cierto, ni siquiera salieron a demostrarle al mundo que allá hay gente que es consciente de la importancia de los extranjeros en su país y que rechaza de manera vehemente cualquier acción violenta inspirada la xenofobia.
El 8.5% del total de la población en España es extranjera. A eso se suma que sus habitantes están envejeciendo y que los índices de natalidad no son los más alentadores: El Gobierno español es consciente de ello y por eso pretende incrementar el número de bebés dándoles a los padres la nada despreciable cifra de 2000 euros. De esa necesidad de aumentar el número de ciudadanos aumentó la migración legal para trabajadores latinoamericanos, claro está, para obreros, celadores y demás actividades que a las delicadas manos españolas les parece indigno hacer para sobrevivir.
La migración es un fenómeno benéfico para ambas partes: por un lado, los inmigrantes envían a sus familiares remesas y logran mantenerlos, cosa que en su propio país sería un acto irrealizable. Por otra parte pagan impuestos, cuando están de manera legal, y aumentan los índices de natalidad: constituyéndose en una importante fuerza de trabajo. Estos actos violentos crean cada vez más una brecha entre unos ciudadanos y otros hasta que ocurra lo que está pasando en países como Estados Unidos, se están formando dos mundos aparte en el que, indudablemente, ganará el más numeroso, el que más se procree, y ojalá no se inviertan los papeles.
Ahora bien: colombianos, peruanos, ecuatorianos y demás latinoamericanos devenimos, desgraciadamente, de esa raza petulante: compartimos algunas pocas cosas buenas como el idioma y otras muchas malas, innumerables, que nos dejaron luego de la conquista y del exterminio de los indígenas.
Cuando salió a la luz el caso de la niña ecuatoriana supuse que un sinfín de niños y jóvenes sin educación, sin formación y sin límites morales (no en el sentido religioso sino de convivencia pacífica) seguirían el terrible ejemplo de ese acto de violencia: efectivamente así fue.
Unos pocos días después de la paliza propinada a esta niña hubo una marcha antirracista: mucho negro, mucho latinoamericano y poco español. Triste pero cierto, ni siquiera salieron a demostrarle al mundo que allá hay gente que es consciente de la importancia de los extranjeros en su país y que rechaza de manera vehemente cualquier acción violenta inspirada la xenofobia.
El 8.5% del total de la población en España es extranjera. A eso se suma que sus habitantes están envejeciendo y que los índices de natalidad no son los más alentadores: El Gobierno español es consciente de ello y por eso pretende incrementar el número de bebés dándoles a los padres la nada despreciable cifra de 2000 euros. De esa necesidad de aumentar el número de ciudadanos aumentó la migración legal para trabajadores latinoamericanos, claro está, para obreros, celadores y demás actividades que a las delicadas manos españolas les parece indigno hacer para sobrevivir.
La migración es un fenómeno benéfico para ambas partes: por un lado, los inmigrantes envían a sus familiares remesas y logran mantenerlos, cosa que en su propio país sería un acto irrealizable. Por otra parte pagan impuestos, cuando están de manera legal, y aumentan los índices de natalidad: constituyéndose en una importante fuerza de trabajo. Estos actos violentos crean cada vez más una brecha entre unos ciudadanos y otros hasta que ocurra lo que está pasando en países como Estados Unidos, se están formando dos mundos aparte en el que, indudablemente, ganará el más numeroso, el que más se procree, y ojalá no se inviertan los papeles.
miércoles, octubre 31, 2007
Para dónde va tanto bullicio, tanto ruido
Que si el Presidente quería ser reeligido: se modificó la Constitución, que si el Presidente quiere participar en política: entonces que se modifique la ley. Así, cada actuación del mandatario abre un debate, no sobre los comportamientos políticamente correctos, sino sobre si la ley no debe aplicar en esos casos o si, por el contrario, se debe cambiar para que el Presidente pueda hacer lo que se le dé la gana: argumentos en favor y en contra es lo que hay; sin embargo ¿por qué se abren debates y no investigaciones?
Esta es una democracia de papel que el Presidente se pasa por la faja: si quiere legislar pues legisla y si quiere quebrantar la ley, lo hace. Lo más grave es que ni la misma ley ni la opinión pública lo castigan, la primera porque la institucionalidad en el país es más que débil, a los ojos de cualquiera (basta citar el escándalo de la parapolítica y de la Fiscalía) y la segunda porque ni siquiera comprende el concepto de democracia y ve las actuaciones del Presidente como válidas, sencillamente porque él es el jefe de Estado y tiene un aval del 70%, según las encuestas.
Lo grave es que, apoyados por los medios de comunicación, cada nuevo quebranto de la ley se convierte en un asunto por reconsiderar. Y si la opinión pública o los opositores son demasiado fuertes, estos debates los desvía el Comisionado de Paz que acusa a Carlos Gaviria de simpatizante con la guerrilla porque a alguien se le ocurrió publicar un artículo suyo en Anncol. El señor Carlos Gaviria fue plagiado como los miles de usuarios del ciberespacio, pero el comisionado de paz, que por fin encontró qué hacer, hizo de esto un debate sobre el delito político y, obviamente, tiene a la prensa carroñera encima.
No sería raro que todo esto fuera premeditado para que luego de la desmovilización de los paramilitares, que están gozando de muchas garantías por ser considerados delincuentes políticos, a nadie más le toquen privilegios, explícitamente a la guerrilla. Porque si no hay guerrilla no hay Uribe, y si no hay Uribe hay Polo, y si hay Polo, habemus izquierda en el poder, cosa que Uribe no quiere; prefiere cuidarse alborotando avisperos aquí y allá, legislando de bajo perfil y haciendo bulla en los medios.
Esta es una democracia de papel que el Presidente se pasa por la faja: si quiere legislar pues legisla y si quiere quebrantar la ley, lo hace. Lo más grave es que ni la misma ley ni la opinión pública lo castigan, la primera porque la institucionalidad en el país es más que débil, a los ojos de cualquiera (basta citar el escándalo de la parapolítica y de la Fiscalía) y la segunda porque ni siquiera comprende el concepto de democracia y ve las actuaciones del Presidente como válidas, sencillamente porque él es el jefe de Estado y tiene un aval del 70%, según las encuestas.
Lo grave es que, apoyados por los medios de comunicación, cada nuevo quebranto de la ley se convierte en un asunto por reconsiderar. Y si la opinión pública o los opositores son demasiado fuertes, estos debates los desvía el Comisionado de Paz que acusa a Carlos Gaviria de simpatizante con la guerrilla porque a alguien se le ocurrió publicar un artículo suyo en Anncol. El señor Carlos Gaviria fue plagiado como los miles de usuarios del ciberespacio, pero el comisionado de paz, que por fin encontró qué hacer, hizo de esto un debate sobre el delito político y, obviamente, tiene a la prensa carroñera encima.
No sería raro que todo esto fuera premeditado para que luego de la desmovilización de los paramilitares, que están gozando de muchas garantías por ser considerados delincuentes políticos, a nadie más le toquen privilegios, explícitamente a la guerrilla. Porque si no hay guerrilla no hay Uribe, y si no hay Uribe hay Polo, y si hay Polo, habemus izquierda en el poder, cosa que Uribe no quiere; prefiere cuidarse alborotando avisperos aquí y allá, legislando de bajo perfil y haciendo bulla en los medios.
jueves, octubre 18, 2007
miércoles, octubre 17, 2007
Ay, Petro....
Peleaba contra los yanquis y ahora les recibe premios de derechos humanos. Después de haber arremetido contra los Estados Unidos en un sinfín de debates, después de haber pregonado a los cuatro vientos (como Senador) y a punta de plomo (como guerrillero) en contra el capitalismo, el Senador estrella de nuestra izquierda pasa largas temporadas en Washington, haciendo gala del cinismo, más que de la diplomacia, y le recibe premios a los gringos, como si éstos supieran de humanidad y de derechos en algún lugar de la tierra que esté fuera de su territorio.
Se comportan igual, oran igual, viven en los mismos barrios, se dan la mano detrás de cámaras mientras que en el debate se insultan: burlándose de la inocencia del ciudadano que cree todo lo que ve a través de la pantalla. Estas ratas de la izquierda se están pareciendo, triste pero no sorprendente, a los hijos de puta de derecha que vienen detentando el poder desde la conquista. Hampones todos, que se embelesan con el poder y que viven en palacetes en el parque de la 93 y salen a los mejores restaurantes: luchan por la igualdad pero a ninguno se le ha ocurrido que le reduzcan ese exorbitante sueldo de narcotraficante que reciben gracias a los impuestos que pagamos los colombianos, con más del 60 por ciento en la pobreza.
Duele más de la izquierda que de la derecha. De los ricos y de los hijos de puta ladrones del partido conservador, liberal y de la U no me esperaba menos, porque ellos y sus papás hicieron de este país una cloaca desde hace mucho, pasándose el poder a través del apellido, a pesar de que vivíamos en una democracia.
Que el Senador tiene la razón: seguramente sí, lo que él denuncia no es secreto para nadie. La tierra productiva de este país pertenece a un mínimo porcentaje del total de la población, y además no la trabaja. La tiene para mirar a lo lejos y decir que “todo, hasta donde le llega la vista y más, es mío”, y lo heredará a los monstruos que ha de parir con una perra desvergonzada que tiene la misma cantidad de tierras: entonces se sumarán el hijo de puta y la perra, ambos millonarios, y después pondrán a sus hijos, y a sus nietos, a fornicar hasta que todo sea de la misma familia, la infamia, y el resto del país quede en la inopia.
Pero esa denuncia no merece un premio de derechos humanos; mucho menos cuando el premio viene de un país que no conoce el término. Ese reconocimiento se lo deberían dar post mortem al señor López Pumarejo, que en su primer Gobierno quiso implementar una reforma agraria y no lo dejaron sus amigos, los ricos y los industriales, ni implementarla ni terminar su segundo período presidencial. El Senador, quiera Alá y no lo reciba, se ponga juicioso y a portarse como un hombre consecuente porque a este paso no sería raro encontrarlo un día recibiendo el premio Nóbel de la paz de manos del Presidente Bush.
Se comportan igual, oran igual, viven en los mismos barrios, se dan la mano detrás de cámaras mientras que en el debate se insultan: burlándose de la inocencia del ciudadano que cree todo lo que ve a través de la pantalla. Estas ratas de la izquierda se están pareciendo, triste pero no sorprendente, a los hijos de puta de derecha que vienen detentando el poder desde la conquista. Hampones todos, que se embelesan con el poder y que viven en palacetes en el parque de la 93 y salen a los mejores restaurantes: luchan por la igualdad pero a ninguno se le ha ocurrido que le reduzcan ese exorbitante sueldo de narcotraficante que reciben gracias a los impuestos que pagamos los colombianos, con más del 60 por ciento en la pobreza.
Duele más de la izquierda que de la derecha. De los ricos y de los hijos de puta ladrones del partido conservador, liberal y de la U no me esperaba menos, porque ellos y sus papás hicieron de este país una cloaca desde hace mucho, pasándose el poder a través del apellido, a pesar de que vivíamos en una democracia.
Que el Senador tiene la razón: seguramente sí, lo que él denuncia no es secreto para nadie. La tierra productiva de este país pertenece a un mínimo porcentaje del total de la población, y además no la trabaja. La tiene para mirar a lo lejos y decir que “todo, hasta donde le llega la vista y más, es mío”, y lo heredará a los monstruos que ha de parir con una perra desvergonzada que tiene la misma cantidad de tierras: entonces se sumarán el hijo de puta y la perra, ambos millonarios, y después pondrán a sus hijos, y a sus nietos, a fornicar hasta que todo sea de la misma familia, la infamia, y el resto del país quede en la inopia.
Pero esa denuncia no merece un premio de derechos humanos; mucho menos cuando el premio viene de un país que no conoce el término. Ese reconocimiento se lo deberían dar post mortem al señor López Pumarejo, que en su primer Gobierno quiso implementar una reforma agraria y no lo dejaron sus amigos, los ricos y los industriales, ni implementarla ni terminar su segundo período presidencial. El Senador, quiera Alá y no lo reciba, se ponga juicioso y a portarse como un hombre consecuente porque a este paso no sería raro encontrarlo un día recibiendo el premio Nóbel de la paz de manos del Presidente Bush.
lunes, octubre 08, 2007
El panorama electoral en Bogotá es desolador
Después de varias elecciones en las que la oferta a la alcaldía fue más que atractiva, Bogotá no sabe si elegir a un narrador de fútbol, a un ex alcalde que ha puesto por encima a los ricos y a sus propios intereses, o a una cara nueva con poca experiencia y sin mucha habilidad en el debate, claro está, por desconocimiento de la ciudad.
Samuel Moreno no se ha sabido defender en ninguno de los debates; o mejor dicho no ha sabido defender sus propuestas, que en su mayoría parecen ser inviables. Ha dejado ver que no conoce a fondo el tejemaneje administrativo, ni mucho menos; en cambio contesta con afán y mira a la cámara, haciendo política, como si su cara bonita lo fuera a sacar del aprieto.
Su primer adversario, el señor Peñalosa, es un viejo zorro de la ciudad, conoce a fondo la maquinaria que mueve a Bogotá, y sus argumentaciones en los debates son casi irrefutables, no por buenas, ni más faltaba, sino porque pocos conocen a Bogotá tan bien como él mismo.
Peñalosa tiene simpatizantes universitarios, yuppies que se alegran de ver menos pobreza en sus barrios y una ciudad un poco más moderna (desde el carro y no entre el tumulto del Transmilenio). Con él simpatizan, también, quienes finalmente pudieron ver la inversión del dinero, así no estuvieran de acuerdo con gastarlo en bolardos y ciclorrutas inconclusas que obligan a los ciclistas a bajarse a las vías principales.
Pero Samuel también tiene seguidores en la clase alta, que se han sumado a su campaña con la nostalgia de ver en él a un Rojas Pinilla democrático. Y los pobres lo ven, como dice su propaganda, como el vecino, el amigo y, quizá, el alcalde.
Falta el voto vergonzante, que ya no da tanta pena y que ha tenido acogida en varios sectores de la sociedad, como los taxistas. William Vinasco, narrador de fútbol, ha subido drásticamente en las encuestas; sin embargo es difícil pensar que llegue a la Alcaldía de Bogotá. Eso sí, en las próximas elecciones para Concejo podrá salir elegido, y quién quita, perfilarse como congresista, como varios de sus amigos salidos de la farándula a la política.
Las caras nuevas no están tan preparadas como querríamos: un narrador de fútbol y un hombre que heredó simpatías, pero que no las ganó por mérito propio. La cara vieja no convence, porque lo que ya hizo no le gustó a mucha gente. Si ganan los primeros es “para que robe otro”, y si gana Peñalosa es “por que ese roba pero hace” ¿Es eso democracia?
Samuel Moreno no se ha sabido defender en ninguno de los debates; o mejor dicho no ha sabido defender sus propuestas, que en su mayoría parecen ser inviables. Ha dejado ver que no conoce a fondo el tejemaneje administrativo, ni mucho menos; en cambio contesta con afán y mira a la cámara, haciendo política, como si su cara bonita lo fuera a sacar del aprieto.
Su primer adversario, el señor Peñalosa, es un viejo zorro de la ciudad, conoce a fondo la maquinaria que mueve a Bogotá, y sus argumentaciones en los debates son casi irrefutables, no por buenas, ni más faltaba, sino porque pocos conocen a Bogotá tan bien como él mismo.
Peñalosa tiene simpatizantes universitarios, yuppies que se alegran de ver menos pobreza en sus barrios y una ciudad un poco más moderna (desde el carro y no entre el tumulto del Transmilenio). Con él simpatizan, también, quienes finalmente pudieron ver la inversión del dinero, así no estuvieran de acuerdo con gastarlo en bolardos y ciclorrutas inconclusas que obligan a los ciclistas a bajarse a las vías principales.
Pero Samuel también tiene seguidores en la clase alta, que se han sumado a su campaña con la nostalgia de ver en él a un Rojas Pinilla democrático. Y los pobres lo ven, como dice su propaganda, como el vecino, el amigo y, quizá, el alcalde.
Falta el voto vergonzante, que ya no da tanta pena y que ha tenido acogida en varios sectores de la sociedad, como los taxistas. William Vinasco, narrador de fútbol, ha subido drásticamente en las encuestas; sin embargo es difícil pensar que llegue a la Alcaldía de Bogotá. Eso sí, en las próximas elecciones para Concejo podrá salir elegido, y quién quita, perfilarse como congresista, como varios de sus amigos salidos de la farándula a la política.
Las caras nuevas no están tan preparadas como querríamos: un narrador de fútbol y un hombre que heredó simpatías, pero que no las ganó por mérito propio. La cara vieja no convence, porque lo que ya hizo no le gustó a mucha gente. Si ganan los primeros es “para que robe otro”, y si gana Peñalosa es “por que ese roba pero hace” ¿Es eso democracia?
viernes, septiembre 07, 2007
A un infante lo premian por defender a su padre de las puñaladas que le propinaban en plena calle de Cali. Ahora le regalan educación, computador y no sé qué otras cosas: su acto heroico merece ser premiado. Sin embargo, a los otros niños que no se le miden a balas ni se enfrentan a tenaces adversarios el Estado los premia con una pata en el culo, como si sólo los que se cruzan con la oportunidad de mostrar su valentía tuvieran derecho a un computador y a estudiar. Este hecho no tendría ninguna trascendencia si una cámara no hubiera estado en el momento indicado y a la hora precisa, habría pasado como un evento más que ningún medio de comunicación hubiera transmitido. (cientos de casos como este se presentan a diario en nuestro país, pero muy pocos los registran las cámaras y por ello pierden su valos en este mundo mediatico)
Ahora bien, ¿Cuántos colombianos no mueren a diario por la violencia callejera, intrafamiliar, ajustes de cuentas y culebras? Los muertos por causa del conflicto armado colombiano son menos que los muertos por los fenómenos antes mencionados. Y nosotros seguimos creyendo que acá el único problema sólo son los guerrilleros y los paramilitares y los militares.
Hagamos un corto recuento: Un vecino pone un collar bomba a una mujer que le debe dinero, dos niños prenden fuego a un indigente, una señora mata a un joven porque no le había pagado lo que había pedido fiado, unos policías golpean de manera salvaje a un taxista, así por los siglos de los siglos.
Acá el problema es una sociedad ignorante, sumida en la inopia, sin elementos de juicio para discernir entre lo bueno y lo malo (no en términos cristianos sino de límites para la convivencia pacífica). Los colombianos carecen de herramientas para la resolución de conflictos, porque éstos en su gran mayoría los dan las escuelas y la familia. La primera no existe, o sólo acceden a ella los que defienden al papá de que le claven cinco o seis puñaladas, la segunda está resquebrajada, porque es consecuencia directa de la primera. Los bandidos, los asesinos y los guerrilleros no son consecuencia de la pobreza, únicamente, ni de Marx, Lenin o Stalin, sino de la mala y poca educación que ofrece el Estado colombiano a sus ciudadanos.
Ahora bien, ¿Cuántos colombianos no mueren a diario por la violencia callejera, intrafamiliar, ajustes de cuentas y culebras? Los muertos por causa del conflicto armado colombiano son menos que los muertos por los fenómenos antes mencionados. Y nosotros seguimos creyendo que acá el único problema sólo son los guerrilleros y los paramilitares y los militares.
Hagamos un corto recuento: Un vecino pone un collar bomba a una mujer que le debe dinero, dos niños prenden fuego a un indigente, una señora mata a un joven porque no le había pagado lo que había pedido fiado, unos policías golpean de manera salvaje a un taxista, así por los siglos de los siglos.
Acá el problema es una sociedad ignorante, sumida en la inopia, sin elementos de juicio para discernir entre lo bueno y lo malo (no en términos cristianos sino de límites para la convivencia pacífica). Los colombianos carecen de herramientas para la resolución de conflictos, porque éstos en su gran mayoría los dan las escuelas y la familia. La primera no existe, o sólo acceden a ella los que defienden al papá de que le claven cinco o seis puñaladas, la segunda está resquebrajada, porque es consecuencia directa de la primera. Los bandidos, los asesinos y los guerrilleros no son consecuencia de la pobreza, únicamente, ni de Marx, Lenin o Stalin, sino de la mala y poca educación que ofrece el Estado colombiano a sus ciudadanos.
martes, septiembre 04, 2007
¿Multa a los infieles?
Lo que faltaba en esta sociedad clerical es que la infidelidad de los esposos/as, se castigue con trabajo social o multas, como lo propone un quijotesco congresista de la República de Colombia. (Ver nota) http://www.eltiempo.com/politica/2007-09-04/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR- dice “3707826.html
El legislador recibe sueldo, sí señores, por andar proponiendo estos cambios estructurales y de fondo en la resquebrajada sociedad de nuestro país. Pero, cómo no, si definitivamente es más fácil legislar para condenar a los infieles que a los asesinos y a los guerrilleros: se requiere leer menos, investigar poco y rayar en la absoluta ridiculez para aparecer en los medios de comunicación y ganarse el voto de uno que otro cura o vieja beata.
Propongo yo, ya que estamos tan propositivos, que se cree una comisión que castigue a los congresistas que anden perdiendo el tiempo en propuestas estúpidas, y les quiten el sueldo del mes (suma nada despreciable en el segundo país de Latinoamérica que más paga a los parapolíticos), para que cumplan sus tareas a cabalidad.
Que no se le olvide al congresista que la Constitución del 91 dice “En nombre del pueblo”, y no “En nombre de Dios”. La fidelidad es producto de la filosofía moral cristiana, y por lo tanto cada pareja tiene el derecho a ejercerla si se la da o no la gana. Si no, por ahí derecho, que multen los bares swingers, los bares gays y los burdeles, focos de infidelidad. ¡Ave maría purísima!
Propongo, ya que estamos tan propositivos y enmarcados en el cuentito de la sexualidad, que los curas purguen el doble de cárcel que los ciudadanos comunes por las violaciones y los actos pederastas, por ser los gestores y pilares de la filosofía moral que impera en nuestro siglo. A ellos se les castigaría por ser culpables, además de inconsecuentes entre el discurso y los actos.
Por favor, para el remedo de proyecto de Ley que se defina en un marco conceptual la palabra “infidelidad”
Notícula:
Hablando de religión, vean lo que son capaces de producir los fieles de las Iglesias de Dios.
http://www.youtube.com/watch?v=RnmBaWy4DJo
El legislador recibe sueldo, sí señores, por andar proponiendo estos cambios estructurales y de fondo en la resquebrajada sociedad de nuestro país. Pero, cómo no, si definitivamente es más fácil legislar para condenar a los infieles que a los asesinos y a los guerrilleros: se requiere leer menos, investigar poco y rayar en la absoluta ridiculez para aparecer en los medios de comunicación y ganarse el voto de uno que otro cura o vieja beata.
Propongo yo, ya que estamos tan propositivos, que se cree una comisión que castigue a los congresistas que anden perdiendo el tiempo en propuestas estúpidas, y les quiten el sueldo del mes (suma nada despreciable en el segundo país de Latinoamérica que más paga a los parapolíticos), para que cumplan sus tareas a cabalidad.
Que no se le olvide al congresista que la Constitución del 91 dice “En nombre del pueblo”, y no “En nombre de Dios”. La fidelidad es producto de la filosofía moral cristiana, y por lo tanto cada pareja tiene el derecho a ejercerla si se la da o no la gana. Si no, por ahí derecho, que multen los bares swingers, los bares gays y los burdeles, focos de infidelidad. ¡Ave maría purísima!
Propongo, ya que estamos tan propositivos y enmarcados en el cuentito de la sexualidad, que los curas purguen el doble de cárcel que los ciudadanos comunes por las violaciones y los actos pederastas, por ser los gestores y pilares de la filosofía moral que impera en nuestro siglo. A ellos se les castigaría por ser culpables, además de inconsecuentes entre el discurso y los actos.
Por favor, para el remedo de proyecto de Ley que se defina en un marco conceptual la palabra “infidelidad”
Notícula:
Hablando de religión, vean lo que son capaces de producir los fieles de las Iglesias de Dios.
http://www.youtube.com/watch?v=RnmBaWy4DJo
martes, agosto 07, 2007
Elogiando a la verdadera locura
La entonces locura de Erasmo de Rótterdam, o estulticia, no tiene nada que hacer frente a los adolescentes de este siglo. La locura ha sido tan abusada y maltratada, maltrecha y acechada, que ser loco ya no es ningún valor agregado. Es más, nunca lo ha sido, a menos que dicha locura se acercara a la genialidad; que la concepción del mundo exterior resultara tan y tan amarga a la sensibilidad del artista, que era mejor morir, suicidarse, ponerse a escribir, pintar o componer.
Ahora, en cambio, los que están “re locos” prefieren sentarse a beber, inyectarse, meterse unas pepas y bailar medio empelotos con gordos traquetos y putas prepago en fiestas concurridas, ruidosas y apestosas. Los locos de este siglo son tan comunes que no tienen nada de extraordinarios, de sensitivos ni de creativos. Todos están tan locos, que rayan en la cordura, en la estupidez y en la monotonía. – ese man está re loco- dicen las niñas que ven a cualquier basuquerito de barrio “subirse un pistolo”, como dicen por ahí. No, eso no es estar loco, eso es ser drogadicto. A las cosas por su nombre.
Ser loco resulta ser un adolescente común y corriente o un adulto rebelde y sin causa o un vago perezoso sin ganas de trabajar que prefiere escudarse en la mediocridad que aceptar su rol en el mundo; sí, en este mismo mundo cagado y tercermundista que nos toco vivir a todos nosotros.
La locura de Erasmo de Rótterdam era admirada, además, por su certeza para dibujar la realidad, para describir el mundo y sus aberraciones entre las que menciona la religión católica. La locura de ahora no pelea contra nada ni contra nadie, sólo contra los papás que prohíben al gordo traqueto o a la puta prepago. La rebeldía de nuestro siglo no es rebelde porque no tiene ideales, criterio y solidez argumentativa. Nuestra locura es un remedo de originalidad que resulta más estereotipada que la cordura y la sensatez.
Ahora, en cambio, los que están “re locos” prefieren sentarse a beber, inyectarse, meterse unas pepas y bailar medio empelotos con gordos traquetos y putas prepago en fiestas concurridas, ruidosas y apestosas. Los locos de este siglo son tan comunes que no tienen nada de extraordinarios, de sensitivos ni de creativos. Todos están tan locos, que rayan en la cordura, en la estupidez y en la monotonía. – ese man está re loco- dicen las niñas que ven a cualquier basuquerito de barrio “subirse un pistolo”, como dicen por ahí. No, eso no es estar loco, eso es ser drogadicto. A las cosas por su nombre.
Ser loco resulta ser un adolescente común y corriente o un adulto rebelde y sin causa o un vago perezoso sin ganas de trabajar que prefiere escudarse en la mediocridad que aceptar su rol en el mundo; sí, en este mismo mundo cagado y tercermundista que nos toco vivir a todos nosotros.
La locura de Erasmo de Rótterdam era admirada, además, por su certeza para dibujar la realidad, para describir el mundo y sus aberraciones entre las que menciona la religión católica. La locura de ahora no pelea contra nada ni contra nadie, sólo contra los papás que prohíben al gordo traqueto o a la puta prepago. La rebeldía de nuestro siglo no es rebelde porque no tiene ideales, criterio y solidez argumentativa. Nuestra locura es un remedo de originalidad que resulta más estereotipada que la cordura y la sensatez.
viernes, agosto 03, 2007
¿Terrorismo o conflicto armado?
Hace algún tiempo el máximo jefe de Estado declaraba que en Colombia no había conflicto armado, claro está, porque las Farc y el ELN no tenían ninguna legitimidad política y eran terroristas a secas. Ayer el señor Londoño, ex ministro, expresaba en su columna de opinión en el diario El Tiempo (http://www.eltiempo.com/tiempoimpreso/edicionimpresa/opinion/2007-08-02/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3662855.html), que si las AUC, o autodefensas unidas de Colombia o paras, eran producto de la presencia o existencia de las Guerrillas, y que si éstas tenían legitimidad, entonces los paras también debían ser reconocidos como delincuentes políticos porque eran consecuencia directa de los guerrilleros.
Claro está, el ex ministro no habla ahora a nombre del Gobierno, sino como columnista. Sin embargo sí resulta curioso que ahora, que les conviene darle legitimidad política a las autodefensas para que el proceso de paz no se caiga, indirectamente se empiece a reconocer a las FARC como una guerrilla y no como delincuentes comunes y corrientes. Esto, tácitamente, implica que en Colombia sí hay conflicto armado y no simples bandidos enfrentados contra el Estado.
Ahora, debería ser Colombia quien decidiera si los paras tienen o no legitimidad, y definir por ahí derecho si la tienen los guerrilleros, y si en Colombia existe conflicto armado, y si, entonces, el narcotráfico no implica perder la legitimidad, al igual que las masacres y la violación del Derecho internacional humanitario. Colombianos, esto es un debate de fondo, así que armémonos con ideas para que la paz en el país se construya sobre bases sólidas, sin preferencias y con democracia, para que el día de mañana este proceso de paz no implique la emergencia de nuevos grupos armados, so pretexto de deficiencias en el actual proceso.
Claro está, el ex ministro no habla ahora a nombre del Gobierno, sino como columnista. Sin embargo sí resulta curioso que ahora, que les conviene darle legitimidad política a las autodefensas para que el proceso de paz no se caiga, indirectamente se empiece a reconocer a las FARC como una guerrilla y no como delincuentes comunes y corrientes. Esto, tácitamente, implica que en Colombia sí hay conflicto armado y no simples bandidos enfrentados contra el Estado.
Ahora, debería ser Colombia quien decidiera si los paras tienen o no legitimidad, y definir por ahí derecho si la tienen los guerrilleros, y si en Colombia existe conflicto armado, y si, entonces, el narcotráfico no implica perder la legitimidad, al igual que las masacres y la violación del Derecho internacional humanitario. Colombianos, esto es un debate de fondo, así que armémonos con ideas para que la paz en el país se construya sobre bases sólidas, sin preferencias y con democracia, para que el día de mañana este proceso de paz no implique la emergencia de nuevos grupos armados, so pretexto de deficiencias en el actual proceso.
miércoles, agosto 01, 2007
Qué pasará mañana cuando te hayas ido, Chávez
Debo decir que durante algún tiempo admiré decisiones adoptadas por el Presidente venezolano Hugo Chávez Frías. No era sino pisar Venezuela y caminar por entre las calles donde vive la clase baja, tomar el metro o comerse una arepita en la calle y los apasionados ciudadanos emprendían la titánica labor de “enseñarle algo al colombianito”. Me querían instruir sobre el socialismo del S XXI, como si se tratase de una doctrina política, o de una ideología; sin embargo siempre hubo un patrón común: de lo único que hablaban era de Chávez.
Cuando en una Terminal de transportes pedí unas pilas y un periódico el vendedor me escuchó el acento: “Colombiano”, y entonces descolgó un afiche de Chávez que tenía tras de sí y me preguntó: “¿Tú sabes cuál es el próximo Presidente de Colombia?” “Ni idea”, respondí. Él rio y empezó a besuquear a Chávez como si se tratase de la mismísima reina nacional de la belleza: “¡pues Chávez!”
Es curioso, y ya muchos lo han dicho, pero el socialismo del S XXI no existe; se lo inventó Chávez para renombrar el neopopulismo que impera por el sur en estas últimas décadas. Se lo inventó Chávez, so pena de suicidio político en un país que estaba hastiado de la pobreza y de la inequidad, a pesar de estar parado sobre petróleo.
Lo que viene... nadie lo sabe, pero muchos lo imaginan. El proyecto político de Chávez puede morir el día que a él se lo lleve la Pelona. El socialismo del S XXI se llama Hugo Chávez Frías y sus asesores. Sin embargo éstos no son nada sin la cara de Chávez.
Ahora, lo más complejo no es construir sobre el discurso, sino construir el discurso sobre las acciones. El socialismo del S XXI se construye sobre las decisiones del día a día de un mandatario temperamental, pero al mismo tiempo hábil discursivamente. No hay nada escrito, nadie sabe para dónde vamos. Ahí es cuando el discurso del mandatario saca la cara y Chávez se comporta como el Presidente Uribe. Pareciese que hubieran tomado juntos clase de mayeútica con Sócrates: contestan todo menos lo que se les preguntó. El uno nombra a los héroes y próceres de la independencia, y el otro cita cifras del Gobierno, como si este pueblo obtuso entendiera de números.
Uno de los mayores peligros de la ausencia de lineamientos o por lo menos de un manifiesto del Socialismo del S XXI es la perdida de institucionalidad, valga la pena la redundancia, en las instituciones. Éstas se convierten fachadas que apenas sancionan decisiones adoptadas por el mandatario. No funcionan porque no tienen hacia dónde ir; no existen lineamientos que definan políticas claras y Venezuela se convertirá en Hugo Chávez hasta el día que él muera; entonces habrá que construir desde ceros porque no quedará mucho. Como dijo José Luis Perales“¿Qué pasará mañana cuando te hayas ido?”.
Notícula: Ojo que no creo que la situación colombiana en términos de institucionalidad sea mucho mejor. Acá la Fiscalía queda en manos de un brujo y el Congreso en manos de los paras, para no ir más allá.
Cuando en una Terminal de transportes pedí unas pilas y un periódico el vendedor me escuchó el acento: “Colombiano”, y entonces descolgó un afiche de Chávez que tenía tras de sí y me preguntó: “¿Tú sabes cuál es el próximo Presidente de Colombia?” “Ni idea”, respondí. Él rio y empezó a besuquear a Chávez como si se tratase de la mismísima reina nacional de la belleza: “¡pues Chávez!”
Es curioso, y ya muchos lo han dicho, pero el socialismo del S XXI no existe; se lo inventó Chávez para renombrar el neopopulismo que impera por el sur en estas últimas décadas. Se lo inventó Chávez, so pena de suicidio político en un país que estaba hastiado de la pobreza y de la inequidad, a pesar de estar parado sobre petróleo.
Lo que viene... nadie lo sabe, pero muchos lo imaginan. El proyecto político de Chávez puede morir el día que a él se lo lleve la Pelona. El socialismo del S XXI se llama Hugo Chávez Frías y sus asesores. Sin embargo éstos no son nada sin la cara de Chávez.
Ahora, lo más complejo no es construir sobre el discurso, sino construir el discurso sobre las acciones. El socialismo del S XXI se construye sobre las decisiones del día a día de un mandatario temperamental, pero al mismo tiempo hábil discursivamente. No hay nada escrito, nadie sabe para dónde vamos. Ahí es cuando el discurso del mandatario saca la cara y Chávez se comporta como el Presidente Uribe. Pareciese que hubieran tomado juntos clase de mayeútica con Sócrates: contestan todo menos lo que se les preguntó. El uno nombra a los héroes y próceres de la independencia, y el otro cita cifras del Gobierno, como si este pueblo obtuso entendiera de números.
Uno de los mayores peligros de la ausencia de lineamientos o por lo menos de un manifiesto del Socialismo del S XXI es la perdida de institucionalidad, valga la pena la redundancia, en las instituciones. Éstas se convierten fachadas que apenas sancionan decisiones adoptadas por el mandatario. No funcionan porque no tienen hacia dónde ir; no existen lineamientos que definan políticas claras y Venezuela se convertirá en Hugo Chávez hasta el día que él muera; entonces habrá que construir desde ceros porque no quedará mucho. Como dijo José Luis Perales“¿Qué pasará mañana cuando te hayas ido?”.
Notícula: Ojo que no creo que la situación colombiana en términos de institucionalidad sea mucho mejor. Acá la Fiscalía queda en manos de un brujo y el Congreso en manos de los paras, para no ir más allá.
martes, julio 31, 2007
En este país de sordos...
Tres paramilirtares ya son candidatos a la alcaldía de algunos pueblos del país. A las autodefensas se les pretende dar estatus político para negociar con sus integrantes como si tras toda esa maquinaria sangrienta se escondiera alguna ideología que diera sustento a tanta masacre, a tanta sangre, a tanta barbarie. Mientras tanto un hombre camina medio país con el secuestro de su hijo al hombro, haciendo bulla a ver si alguien lo escucha en este país de sordos.
A Colombia pocas cosas le duelen, nada la escandaliza. Ni el ciudadano más anciano de este país recuerda un momento en el que las tórridas aguas de la guerra descansaran en paz. En Colombia sólo descansan en paz unos contados muertos, los demás están repartidos en fosas comunes a lo largo de todo el territorio esperando ser trasladados a un cementerio, o ser identificados por sus familiares para que éstos le den santa sepultura a algunos pocos restos óseos.
Pero no importa, el debate político es un debate pragmático. Acá el dolor no puede ser pretexto de argumentación, porque en los gobernantes prima la razón por encima del dolor de su pueblo. Acá no valen las lágrimas de las Madres de la candelaria ni de los padres de los soldados secuestrados. La sociedad colombiana está tomando, desgraciadamente, un tinte paramilitaresco: no al canje, no al intercambio, no al proceso de paz, sí a la mano dura.
En este país los partidos políticos han demostrado una alta incapacidad para llevar a las altas esferas los problemas reales de la sociedad: “que aporten a salud y pensión por Internet, así no tengan luz”. Cuando tratan de arreglar algo, lo que hacen es dañarlo irreparablemente. El Congreso, ilegítimo y desacreditado por ser cómplice del desangre que vive Colombia, no escucha a las víctimas del paramilitarismo: legisla sobre intuiciones, sobre imaginarios. Además de ilegítimo e ineficaz el Congreso es sordo como la mayor parte de nuestras instituciones, de nuestros ciudadanos y de nuestros medios de comunicación. Colombia no ve, no entiende y ya casi ni escucha.
A Colombia pocas cosas le duelen, nada la escandaliza. Ni el ciudadano más anciano de este país recuerda un momento en el que las tórridas aguas de la guerra descansaran en paz. En Colombia sólo descansan en paz unos contados muertos, los demás están repartidos en fosas comunes a lo largo de todo el territorio esperando ser trasladados a un cementerio, o ser identificados por sus familiares para que éstos le den santa sepultura a algunos pocos restos óseos.
Pero no importa, el debate político es un debate pragmático. Acá el dolor no puede ser pretexto de argumentación, porque en los gobernantes prima la razón por encima del dolor de su pueblo. Acá no valen las lágrimas de las Madres de la candelaria ni de los padres de los soldados secuestrados. La sociedad colombiana está tomando, desgraciadamente, un tinte paramilitaresco: no al canje, no al intercambio, no al proceso de paz, sí a la mano dura.
En este país los partidos políticos han demostrado una alta incapacidad para llevar a las altas esferas los problemas reales de la sociedad: “que aporten a salud y pensión por Internet, así no tengan luz”. Cuando tratan de arreglar algo, lo que hacen es dañarlo irreparablemente. El Congreso, ilegítimo y desacreditado por ser cómplice del desangre que vive Colombia, no escucha a las víctimas del paramilitarismo: legisla sobre intuiciones, sobre imaginarios. Además de ilegítimo e ineficaz el Congreso es sordo como la mayor parte de nuestras instituciones, de nuestros ciudadanos y de nuestros medios de comunicación. Colombia no ve, no entiende y ya casi ni escucha.
martes, junio 26, 2007
Tanto que decir y tan pocos para contarlo
El único noticiero que dedica más de veinte minutos durante dos días a noticias de fantasmas, cuando el país agónico está hundido en una podredumbre de paramilitarismo, sangre y corrupción, queridos señores, se llama RCN. Este adefesio informativo, sin pena ni gloria, sobre todo sin pena, emite una larga noticia sobre las visiones conjuntas que tienen un grupo de colombianos crédulos e insulsos y que, además parecen no hacer un carajo porque se quedan hasta la una de la mañana esperando la fantasmagórica aparición en un parque de Cúcuta.
Cualquiera pensaría que no hay nada que decir, y que el hecho efectivamente es digno de ser transmitido en un medio nacional durante dos largos y tediosos días. Señores, durante esos dos días han muerto miles de personas en guerras estúpidas, han rendido indagatoria decenas de colombianos untados de coca, de paramilitares, se han cometido robos, asesinatos. Pero también han inventado cosas, algunos han marchado en contra del secuestro. En fin, tanto que decir, y tan pocos para contarlo que parecemos seguir sometidos a un periodismo vacío, farandulero y especulatorio en un país que pide a gritos su pueblo se informe.
Cualquiera pensaría que no hay nada que decir, y que el hecho efectivamente es digno de ser transmitido en un medio nacional durante dos largos y tediosos días. Señores, durante esos dos días han muerto miles de personas en guerras estúpidas, han rendido indagatoria decenas de colombianos untados de coca, de paramilitares, se han cometido robos, asesinatos. Pero también han inventado cosas, algunos han marchado en contra del secuestro. En fin, tanto que decir, y tan pocos para contarlo que parecemos seguir sometidos a un periodismo vacío, farandulero y especulatorio en un país que pide a gritos su pueblo se informe.
sábado, febrero 24, 2007
Carta a una estrella de televisión
Tomillo, por favor jubílate. Ya has pasado por todas las facetas que corresponden a un jedi de la televisión: primero fuiste actor de un exitoso programa que se presentaba los sábados a las seis de la mañana, luego interpretaste uno que otro papel secundario en telenovelas de bajo presupuesto y, por último, estás de presentador en un programa infantil. Lograste más de lo que querías, y de lo que te auguraban los críticos... ¿por qué no retirarte? ¿Por qué no hacerle compañía a Coco, que debe andar en algún geriátrico de la ciudad de Bogotá?
Hoy vi cómo después de tantos años tu carrera se iba a pique: descaradamente saliste cantando un forzado reguetón, poniéndole acento costeño a tu carita cachaca (como si el acento fuera prerrequisito para entonar dichos ritmos caribeños), y acompañado de tu amiga aquella, la niña de la bemba, meneaste tu huesudo cuerpo, opacando a daddy yankee, que después de tu actuación querrá aprender a tocar el clarinete, porque definitivamente, lo sacaste del mercado.
Querido Tomillo, por favor retírate y búscate algo que hacer, pon un restaurante como hacen todos los famosos colombianos antes de caer en desgracia. Un bar es otra ingeniosa opción para que inviertas los milloncitos que año tras año has venido acumulando con tu arduo trabajo. Querido Tomillo, que la fuerza te acompañe y envíale a Coco mis más sinceros saludos.
Hoy vi cómo después de tantos años tu carrera se iba a pique: descaradamente saliste cantando un forzado reguetón, poniéndole acento costeño a tu carita cachaca (como si el acento fuera prerrequisito para entonar dichos ritmos caribeños), y acompañado de tu amiga aquella, la niña de la bemba, meneaste tu huesudo cuerpo, opacando a daddy yankee, que después de tu actuación querrá aprender a tocar el clarinete, porque definitivamente, lo sacaste del mercado.
Querido Tomillo, por favor retírate y búscate algo que hacer, pon un restaurante como hacen todos los famosos colombianos antes de caer en desgracia. Un bar es otra ingeniosa opción para que inviertas los milloncitos que año tras año has venido acumulando con tu arduo trabajo. Querido Tomillo, que la fuerza te acompañe y envíale a Coco mis más sinceros saludos.
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