jueves, marzo 29, 2012
Los vándalos del Transmileno
¿Dónde están los vándalos del Transmileno, esos que publican en primera página del periódico, y muchos de los cuales no tienen nada que ver con los ataques a las estaciones? ¿Dónde están los maestros de escuela, estudiantes y profesores universitarios que quedaron captados por cámaras con bajos pixeles y que se intuye estaban atacando el negocio de los transportadores colombianos? Los maestros están escondidos o presentándose ante la justicia para demostrar que estaban en el lugar equivocado. Los vándalos, algunos están sueltos montando en bicicleta, vociferando que el único sistema masivo de transporte viable en el mundo es el Transmilenio. Publican en twitter, con obstinación y terquedad, que todo lo demás es costoso, insuficiente y difícil de construir. Parece más defendiendo su ego y su honra que el bien de la ciudad.
Los otros vándalos, los que justifican que la corrupción es inherente al ser humano, decidieron seguir el ejemplo de Ghandi y hacer huelga de hambre en la cárcel, según ellos por miedo a ser envenenados. Pagarán, si mucho, unos pocos años y saldrán de la cárcel a rebuscar entre las caletas los millones de dólares que enterraron en las playas de Miami.
Y, el otro vándalo, el dientón que saqueó la ciudad en nuestras narices durante casi cuatro años, trota todos los días en el Parque Nacional, custodiado por dos policías que lo acompañan a mantener su estado físico porque si se enferma ¿Quién se va a ir de fiesta con los hermanos Nule? ¿El procurador? No, hombre, si ese apóstol salió más consecuente de lo que saldría ateo, anarquista, bisexual o transexual alguno.
Petro, el antes comprensivo de la protesta social y ahora perseguidor, está detrás de los vándalos y defendiendo con policía la infraestructura de la ciudad, infraestructura que si el insatisfecho público no echa abajo, se caerá por sí misma a causa de la mala calidad con que fue construida. Bogotá es una ciudad pegada con mocos de ricos. El Alcalde, democrático, ahora sataniza la protesta social y echa en el mismo costal a unos pocos violentos y una ciudadanía agotada del mal servicio del transporte público (que en realidad es privado) que ofrece la ciudad. Así se desvía el debate del mal transporte público y nos dedicamos a buscar malos, sabiendo que están sentados en nuestras honorables instituciones democráticas. Entonces, señores, si están buscando a los vándalos del Transmilenio, ¡por ellos que ya les dije dónde están!
Ahora, como si fuera poco, hay un campamento de obreros subiendo hacia el municipio de la Calera que lleva más de dos años haciendo no sé qué. Herramienta en el piso y trabajadores mezclando cemento en baldes como si así fueran a detener un derrumbe. La carrera once se hundió y está cerrada, aún no se sabe por qué pero ya están escogiendo el grupo de personas que va a ir a vivir ahí durante los siguientes dos o cuatro años. Espero, al menos, que los contratistas les paguen bien a esos obreros.
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