lunes, octubre 20, 2014

Internos a la orilla del río


Estas fotografías fueron tomadas un internado en Villa Victoria, Putumayo, a orillas del Río Guamuez. Son una muestra de la felicidad de la vida rural, así sea viviendo como internos. La vida es sencilla.

miércoles, octubre 15, 2014

Directores y dueños de medios, colegas periodistas y editores:


En mi casa se fundió la televisión, por lo que dejamos de ver los noticieros que ustedes, bajo presiones económicas y víctimas de su propia ignorancia disfrazada de autocensura, producen para amplificar a mil voces la misma información. Datos carentes de investigación, notas escritas de afán y entrevistas a los mismos personajes que no aportan nada útil son lo cotidiano, además de noticias sobre fantasmas, apariciones de la virgen y abducciones extraterrestres.

Apagué el televisor, pero no me libré de la sombra que ustedes, con sus inmensos tentáculos, llevan hasta los restaurantes, los talleres de mecánica, las cafeterías y otros sitios que frecuento. Ahora los miro con distancia, sabiendo que a través de ustedes no me informo ni aprendo nada nuevo, que sus consejos médicos en el noticiero del mediodía son como el acetaminofén de las EPS, que su información política es tan inútil como fría y predecible, llena de intereses económicos, posturas ideológicas retrógradas y explotación de la miseria humana. Una miseria que empieza por el salario de sus periodistas, que ganan menos que un taxista, una miseria que inicia desde la academia de periodismo donde se enseña a dar información en función del espacio y no de las fuentes, una academia que desplaza las clases de historia para reemplazarlas por talleres de photoshop, para maquillar esta inmunda realidad que no necesita disfraces.

La opción de elegir se llama apagar el televisor, porque nuestra libertad es optar por la cara del marrano lector de la noticia que, en definitiva, está escrita casi igual en todos los canales. ¿La razón? Porque se la compraron a la misma agencia de prensa o copiaron el mismo comunicado oficial, o quizá porque invitaron al mismo experto cuyo discurso lleva décadas inundando imaginarios de incautos y estúpidos que no se detienen a verse a sí mismos para notar que en su cotidianidad hay más noticias y realidad que en los viajes de la magistrada, en los millones que se robó la reina, en las tetas que se mandó poner la actriz y en lo mal polvo que resultó Luis Miguel.

Hoy los miro como una comedia, y me río a carcajadas del ébola. ¿de qué nos sirve toda esa información de mierda que publican a diario? ¿Acaso podemos hacer algo? ¿Van a repartir trajes de protección como acetaminofén en Saludcoop? En cambio ¿por qué no hablan de los muertos que suman las EPS negando servicios a enfermos de escasos recursos? ¿Alguno de ustedes se ha acercado a una familia que esté entre demandas y desacatos de esta tortura de sistema? No, ciegos, imbéciles, farsantes. Y cuando se acercan lo hacen con números, como si no se tratara de vidas humanas.


Siento como si la tecnología hubiera avanzado a zancadas y los periodistas hubieran retrocedido hasta su propio paleolítico. Hoy creo que cada día que pasa desde que se fundió mi televisor Sony 1985 soy menos bruto.