La entonces locura de Erasmo de Rótterdam, o estulticia, no tiene nada que hacer frente a los adolescentes de este siglo. La locura ha sido tan abusada y maltratada, maltrecha y acechada, que ser loco ya no es ningún valor agregado. Es más, nunca lo ha sido, a menos que dicha locura se acercara a la genialidad; que la concepción del mundo exterior resultara tan y tan amarga a la sensibilidad del artista, que era mejor morir, suicidarse, ponerse a escribir, pintar o componer.
Ahora, en cambio, los que están “re locos” prefieren sentarse a beber, inyectarse, meterse unas pepas y bailar medio empelotos con gordos traquetos y putas prepago en fiestas concurridas, ruidosas y apestosas. Los locos de este siglo son tan comunes que no tienen nada de extraordinarios, de sensitivos ni de creativos. Todos están tan locos, que rayan en la cordura, en la estupidez y en la monotonía. – ese man está re loco- dicen las niñas que ven a cualquier basuquerito de barrio “subirse un pistolo”, como dicen por ahí. No, eso no es estar loco, eso es ser drogadicto. A las cosas por su nombre.
Ser loco resulta ser un adolescente común y corriente o un adulto rebelde y sin causa o un vago perezoso sin ganas de trabajar que prefiere escudarse en la mediocridad que aceptar su rol en el mundo; sí, en este mismo mundo cagado y tercermundista que nos toco vivir a todos nosotros.
La locura de Erasmo de Rótterdam era admirada, además, por su certeza para dibujar la realidad, para describir el mundo y sus aberraciones entre las que menciona la religión católica. La locura de ahora no pelea contra nada ni contra nadie, sólo contra los papás que prohíben al gordo traqueto o a la puta prepago. La rebeldía de nuestro siglo no es rebelde porque no tiene ideales, criterio y solidez argumentativa. Nuestra locura es un remedo de originalidad que resulta más estereotipada que la cordura y la sensatez.
martes, agosto 07, 2007
viernes, agosto 03, 2007
¿Terrorismo o conflicto armado?
Hace algún tiempo el máximo jefe de Estado declaraba que en Colombia no había conflicto armado, claro está, porque las Farc y el ELN no tenían ninguna legitimidad política y eran terroristas a secas. Ayer el señor Londoño, ex ministro, expresaba en su columna de opinión en el diario El Tiempo (http://www.eltiempo.com/tiempoimpreso/edicionimpresa/opinion/2007-08-02/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3662855.html), que si las AUC, o autodefensas unidas de Colombia o paras, eran producto de la presencia o existencia de las Guerrillas, y que si éstas tenían legitimidad, entonces los paras también debían ser reconocidos como delincuentes políticos porque eran consecuencia directa de los guerrilleros.
Claro está, el ex ministro no habla ahora a nombre del Gobierno, sino como columnista. Sin embargo sí resulta curioso que ahora, que les conviene darle legitimidad política a las autodefensas para que el proceso de paz no se caiga, indirectamente se empiece a reconocer a las FARC como una guerrilla y no como delincuentes comunes y corrientes. Esto, tácitamente, implica que en Colombia sí hay conflicto armado y no simples bandidos enfrentados contra el Estado.
Ahora, debería ser Colombia quien decidiera si los paras tienen o no legitimidad, y definir por ahí derecho si la tienen los guerrilleros, y si en Colombia existe conflicto armado, y si, entonces, el narcotráfico no implica perder la legitimidad, al igual que las masacres y la violación del Derecho internacional humanitario. Colombianos, esto es un debate de fondo, así que armémonos con ideas para que la paz en el país se construya sobre bases sólidas, sin preferencias y con democracia, para que el día de mañana este proceso de paz no implique la emergencia de nuevos grupos armados, so pretexto de deficiencias en el actual proceso.
Claro está, el ex ministro no habla ahora a nombre del Gobierno, sino como columnista. Sin embargo sí resulta curioso que ahora, que les conviene darle legitimidad política a las autodefensas para que el proceso de paz no se caiga, indirectamente se empiece a reconocer a las FARC como una guerrilla y no como delincuentes comunes y corrientes. Esto, tácitamente, implica que en Colombia sí hay conflicto armado y no simples bandidos enfrentados contra el Estado.
Ahora, debería ser Colombia quien decidiera si los paras tienen o no legitimidad, y definir por ahí derecho si la tienen los guerrilleros, y si en Colombia existe conflicto armado, y si, entonces, el narcotráfico no implica perder la legitimidad, al igual que las masacres y la violación del Derecho internacional humanitario. Colombianos, esto es un debate de fondo, así que armémonos con ideas para que la paz en el país se construya sobre bases sólidas, sin preferencias y con democracia, para que el día de mañana este proceso de paz no implique la emergencia de nuevos grupos armados, so pretexto de deficiencias en el actual proceso.
miércoles, agosto 01, 2007
Qué pasará mañana cuando te hayas ido, Chávez
Debo decir que durante algún tiempo admiré decisiones adoptadas por el Presidente venezolano Hugo Chávez Frías. No era sino pisar Venezuela y caminar por entre las calles donde vive la clase baja, tomar el metro o comerse una arepita en la calle y los apasionados ciudadanos emprendían la titánica labor de “enseñarle algo al colombianito”. Me querían instruir sobre el socialismo del S XXI, como si se tratase de una doctrina política, o de una ideología; sin embargo siempre hubo un patrón común: de lo único que hablaban era de Chávez.
Cuando en una Terminal de transportes pedí unas pilas y un periódico el vendedor me escuchó el acento: “Colombiano”, y entonces descolgó un afiche de Chávez que tenía tras de sí y me preguntó: “¿Tú sabes cuál es el próximo Presidente de Colombia?” “Ni idea”, respondí. Él rio y empezó a besuquear a Chávez como si se tratase de la mismísima reina nacional de la belleza: “¡pues Chávez!”
Es curioso, y ya muchos lo han dicho, pero el socialismo del S XXI no existe; se lo inventó Chávez para renombrar el neopopulismo que impera por el sur en estas últimas décadas. Se lo inventó Chávez, so pena de suicidio político en un país que estaba hastiado de la pobreza y de la inequidad, a pesar de estar parado sobre petróleo.
Lo que viene... nadie lo sabe, pero muchos lo imaginan. El proyecto político de Chávez puede morir el día que a él se lo lleve la Pelona. El socialismo del S XXI se llama Hugo Chávez Frías y sus asesores. Sin embargo éstos no son nada sin la cara de Chávez.
Ahora, lo más complejo no es construir sobre el discurso, sino construir el discurso sobre las acciones. El socialismo del S XXI se construye sobre las decisiones del día a día de un mandatario temperamental, pero al mismo tiempo hábil discursivamente. No hay nada escrito, nadie sabe para dónde vamos. Ahí es cuando el discurso del mandatario saca la cara y Chávez se comporta como el Presidente Uribe. Pareciese que hubieran tomado juntos clase de mayeútica con Sócrates: contestan todo menos lo que se les preguntó. El uno nombra a los héroes y próceres de la independencia, y el otro cita cifras del Gobierno, como si este pueblo obtuso entendiera de números.
Uno de los mayores peligros de la ausencia de lineamientos o por lo menos de un manifiesto del Socialismo del S XXI es la perdida de institucionalidad, valga la pena la redundancia, en las instituciones. Éstas se convierten fachadas que apenas sancionan decisiones adoptadas por el mandatario. No funcionan porque no tienen hacia dónde ir; no existen lineamientos que definan políticas claras y Venezuela se convertirá en Hugo Chávez hasta el día que él muera; entonces habrá que construir desde ceros porque no quedará mucho. Como dijo José Luis Perales“¿Qué pasará mañana cuando te hayas ido?”.
Notícula: Ojo que no creo que la situación colombiana en términos de institucionalidad sea mucho mejor. Acá la Fiscalía queda en manos de un brujo y el Congreso en manos de los paras, para no ir más allá.
Cuando en una Terminal de transportes pedí unas pilas y un periódico el vendedor me escuchó el acento: “Colombiano”, y entonces descolgó un afiche de Chávez que tenía tras de sí y me preguntó: “¿Tú sabes cuál es el próximo Presidente de Colombia?” “Ni idea”, respondí. Él rio y empezó a besuquear a Chávez como si se tratase de la mismísima reina nacional de la belleza: “¡pues Chávez!”
Es curioso, y ya muchos lo han dicho, pero el socialismo del S XXI no existe; se lo inventó Chávez para renombrar el neopopulismo que impera por el sur en estas últimas décadas. Se lo inventó Chávez, so pena de suicidio político en un país que estaba hastiado de la pobreza y de la inequidad, a pesar de estar parado sobre petróleo.
Lo que viene... nadie lo sabe, pero muchos lo imaginan. El proyecto político de Chávez puede morir el día que a él se lo lleve la Pelona. El socialismo del S XXI se llama Hugo Chávez Frías y sus asesores. Sin embargo éstos no son nada sin la cara de Chávez.
Ahora, lo más complejo no es construir sobre el discurso, sino construir el discurso sobre las acciones. El socialismo del S XXI se construye sobre las decisiones del día a día de un mandatario temperamental, pero al mismo tiempo hábil discursivamente. No hay nada escrito, nadie sabe para dónde vamos. Ahí es cuando el discurso del mandatario saca la cara y Chávez se comporta como el Presidente Uribe. Pareciese que hubieran tomado juntos clase de mayeútica con Sócrates: contestan todo menos lo que se les preguntó. El uno nombra a los héroes y próceres de la independencia, y el otro cita cifras del Gobierno, como si este pueblo obtuso entendiera de números.
Uno de los mayores peligros de la ausencia de lineamientos o por lo menos de un manifiesto del Socialismo del S XXI es la perdida de institucionalidad, valga la pena la redundancia, en las instituciones. Éstas se convierten fachadas que apenas sancionan decisiones adoptadas por el mandatario. No funcionan porque no tienen hacia dónde ir; no existen lineamientos que definan políticas claras y Venezuela se convertirá en Hugo Chávez hasta el día que él muera; entonces habrá que construir desde ceros porque no quedará mucho. Como dijo José Luis Perales“¿Qué pasará mañana cuando te hayas ido?”.
Notícula: Ojo que no creo que la situación colombiana en términos de institucionalidad sea mucho mejor. Acá la Fiscalía queda en manos de un brujo y el Congreso en manos de los paras, para no ir más allá.
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