miércoles, noviembre 07, 2007

Xenofobia

A la niña ecuatoriana agredida en España se suma ahora un colombiano de más de 50 años. Recibió una paliza por un grupo de jóvenes que le dejaron serias heridas. (Ver nota http://www.eltiempo.com/internacional/espana/home/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3803988.html). Y, sin ir más allá, como lo publica la misma nota, en febrero de este año a un congoleño lo dejaron tetrapléjico en circunstancias similares. Estos actos xenófobos son repugnantes en cualquier parte del mundo y en contra de cualquier ciudadano del mundo; sin embargo es claro que en España está tomando dimensiones vergonzosas que deja ver mucho de lo que subyace a su sociedad.

Ahora bien: colombianos, peruanos, ecuatorianos y demás latinoamericanos devenimos, desgraciadamente, de esa raza petulante: compartimos algunas pocas cosas buenas como el idioma y otras muchas malas, innumerables, que nos dejaron luego de la conquista y del exterminio de los indígenas.

Cuando salió a la luz el caso de la niña ecuatoriana supuse que un sinfín de niños y jóvenes sin educación, sin formación y sin límites morales (no en el sentido religioso sino de convivencia pacífica) seguirían el terrible ejemplo de ese acto de violencia: efectivamente así fue.

Unos pocos días después de la paliza propinada a esta niña hubo una marcha antirracista: mucho negro, mucho latinoamericano y poco español. Triste pero cierto, ni siquiera salieron a demostrarle al mundo que allá hay gente que es consciente de la importancia de los extranjeros en su país y que rechaza de manera vehemente cualquier acción violenta inspirada la xenofobia.

El 8.5% del total de la población en España es extranjera. A eso se suma que sus habitantes están envejeciendo y que los índices de natalidad no son los más alentadores: El Gobierno español es consciente de ello y por eso pretende incrementar el número de bebés dándoles a los padres la nada despreciable cifra de 2000 euros. De esa necesidad de aumentar el número de ciudadanos aumentó la migración legal para trabajadores latinoamericanos, claro está, para obreros, celadores y demás actividades que a las delicadas manos españolas les parece indigno hacer para sobrevivir.

La migración es un fenómeno benéfico para ambas partes: por un lado, los inmigrantes envían a sus familiares remesas y logran mantenerlos, cosa que en su propio país sería un acto irrealizable. Por otra parte pagan impuestos, cuando están de manera legal, y aumentan los índices de natalidad: constituyéndose en una importante fuerza de trabajo. Estos actos violentos crean cada vez más una brecha entre unos ciudadanos y otros hasta que ocurra lo que está pasando en países como Estados Unidos, se están formando dos mundos aparte en el que, indudablemente, ganará el más numeroso, el que más se procree, y ojalá no se inviertan los papeles.

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