martes, diciembre 03, 2013

Esa penosa enfermedad llamada optimismo


Somos un país idiota, paraco, narco y guerrillero. No tenemos cura porque la única opción para salir de la estupidez es el estudio de calidad, sin discriminación, manejado por científicos y no por sectas religiosas. Donde rezar sea una opción y no una obligación, donde el himno que se cante tenga ritmo de joropo y no de música importada. Y acá en Colombia nos dedicamos a construir edificios para llenarlos de cerebros vacíos que imparten cátedras incargados de presente y con pasados s tudio y acbros de autoayuda. rmedad, tampoco los ojos una democracia permeada de paramilitaútiles a niños sin futuro cuya pobreza mental alimenta la miseria de los municipios que habitan. Somos inmensurablemente pobres, y a esta carencia material y de conocimiento se suma la peor de las enfermedades, que se llama optimismo. Ese sentimiento que pretende que sobre los mares de desigualdad que habitamos, unos pocos podamos nadar con felicidad porque podemos comprarnos un celular, unas gafas bonitas o porque pasamos cinco años pagando un carro. Eso, amigos, no es felicidad, es estupidez. Por eso prefiero a los negativos, a los inconformes, a los intransigentes, a los que se llenan la boca de insultos para la puta cajera que nos mira con desdén, para el cabrón político que nos caga la cara robándonos, para el médico mediocre que nos receta acetaminofén, para el hijo de puta ladrón de Palacino, la rata de Gaviria, el payaso de Pastrana, el matón de Uribe, el guevón de Pacho Santos. Prefiero que sobre este optimismo inútil, medieval, precario, dogmático y conformista lluevan vulgaridades transformadoras que se materializan en protestas, gritos, letras, fotos. A volver mierda ese Congreso, a patearles las bolas a los engendros cuya esperma cuaja cucarachitas que se ganan sueldos onerosos en medio de kilos de mierda.  Sueño con castrar a media humanidad para así evitar que esta monarquía sucia disfrazada de democracia se reproduzca. No quiero ver a Tomás ni a Jerónimo Uribe en el Congreso, ni tampoco a los hijos de los Santos, ni a los Gaviria. El optimismo, esa penosa enfermedad que padecemos, nos mantiene pasivos ante ese desfile de descerebrados inútiles y egoístas. Nosotros, sus servidores, seguiremos acomodando esos pestilentes culos en el poder, para que nuestra miseria la aumenten con leyes insulsas que reglamentarán la educación infértil que reciben nuestros hijos. Odio sus sonrisas blanqueadas, su pelito de pendejos, sus corbaticas importadas. Los odio, multiplicadores de pobreza y exclusión.

sábado, junio 22, 2013

Ateo con moral cristiana y pasiones humanas



Nacemos inmersos en un complejo universo de símbolos que dan sentido a nuestra existencia. Nos inculcan una manera de interpretar los hechos que suceden a nuestro alrededor y, a partir de ellos vivimos el resto de nuestras vidas de manera incoherente, resentida, llevando a cuestas como un mal nuestra propia naturaleza, nuestra fuerza vital. Nos enseñan a cubrir nuestros penes y nuestras vaginas, como si se tratara maldiciones y no de fuentes de vida y placer.

Nacemos enfermos, con la moral encima y el instinto desbordado. Un instinto  contrario a los estamentos católicos escritos y promulgados sobre el comportamiento humano católicamente correcto:  prohibida la gula, la lujuria, el homosexualismo y la sodomía. Lo único que no está prohibido es prohibir, negar la naturaleza misma. Y somos, entonces, ateos formados dentro de un universo simbólico dominado por la lógica católica: nos masturbamos a escondidas, fornicamos en silencio, comemos en exceso con remordimiento y miramos los lindos cucos de la vecina sin que nadie lo note mientras en público nos vestimos de corbata y simulamos ser como otros creen que debemos ser.

Cuando tomamos consciencia de que queremos vivir alejados de esos comportamientos antinaturales, impuestos por pervertidos que pretenden negar que debajo de sus sotanas tienen penes y vaginas que huelen como los nuestros, estamos enfermos a causa de la dualidad entre las pulsiones y el establecimiento.

Mi hijo no será bautizado y podrá pedir que nadie lo moleste cuando desee masturbarse, de la misma manera que uno quiere comer sin tener que contestar el teléfono. No se tendrá que esconder para darle al instinto su cauce natural. Y, espero, descubrirá por sí mismo los límites entre lo íntimo y lo público. No creo que mi experimento pueda resultar peor que una institución milenaria cundida de violadores, pederastas, ladrones y asesinos. No necesito argumentos, la historia está de mi lado, y si no me crea lea un libro distinto a la biblia.


Mi hijo lo hará a través de la razón y no de la boca de católicos incoherentes que traicionan a sus mujeres a escondidas, desayunan niños y roban pobres. Mi hijo no conocerá a Dios de boca de nadie distinta a la mía, ni tampoco a Jehová, ni a Mahoma, ni a Buda, ni a ninguno de esos figurines que dan sentido a la vacía existencia de esta humanidad desgraciada, involucionada y pobre de ilusiones. Mi hijo vivirá la vida consciente de que el más allá es una ilusión y de que la vida la puede palpar. Así no sea nadie para la sociedad consumista, productiva, enferma de eficiencia y eficacia, será mejor que todos nosotros.

Curiosidad

Curiosidad by David Fayad Sanz
Curiosidad, a photo by David Fayad Sanz on Flickr.

sábado, junio 08, 2013

Nuevos Ricos


Hola, Ardila. ¿Cómo estás? Disculpa la desfachatez para hablarte, pero como ahora pertenecemos a la misma clase social me tomo el atrevimiento de tratarte por tu nombre. ¿Sabías, Ardila, que según el Banco Mundial los colombianos que ganamos dos millones  de pesos (1.000 dólares) al mes somos ricos, o mejor dicho millonarios? Sí, somos pocos los afortunados, entre los que nos contamos tú y yo. Creo que sólo nos divide la risible cifra de tres o cuatro billones de pesos, acciones en clubes, propiedades alrededor del mundo y algo esencial: principios, esos que los ricos en Colombia, usurpadores de tierra, asesinos, negociantes y explotadores que acumulan inmensas fortunas como la tuya no tienen. Tus trabajadores se ganan, como mucho, salarios mínimos miserables y tú acumulas, como hacen los ricos de billones, para darte la buena vida.

¿Sabías que algunos colombianos figuran entre los hombres más ricos del mundo? ¡Increíble! Claro, y es que el diez por ciento de los millonarios de verdad, como tú, se llevan más de la mitad del producto interno bruto del país. Normal, en eso consiste el capitalismo, en olvidar que afuera hay un país con cincuenta por ciento de pobreza, cinco millones de desplazados y cosas por el estilo a las cuales tu fortuna no podría aportar nada, creo yo. Es mejor acumular y gastar en carros lujosos que tus asquerosas nalgas infestan con pedos pútridos de jamones y quesos importados. Eso sí que vale la pena, amigo. Por cierto, ya que somos de la misma clase social ¿cuándo nos vemos en el club? Me gustaría que me prestes una platica para terminar de pagar el préstamo de Icetex que me sirvió para hacer una maestría en historia, cuyos intereses son bajitos, algo así como el uno por ciento mensual…. ¡Una ganga! Ahora multiplícalo por 12 meses que tiene el año, es decir, 12 por ciento anual. Eso significa que de los 30 millones que me prestaron, si los pagara en un año, el interés no sería sino el valor de un semestre, o un poco menos. Ahora multiplícalo por 5 años, que tardaré en pagarlo, y dime… ¿te parece mucho? creo que no. Es algo así como la mitad de lo que me prestaron, quince millones.  Y ese es el interés más bajito, que es para estudiar, para hacer un país mejor. El del carro es de uno y medio mensual, a cinco años también.

En fin, pendejadas que no nos conciernen a los de nuestra clase. Bueno, y yo como nuevo rico me iré de putas, morcilla y guaro y mañana veré con qué pago el arriendo. Creo que no me debo preocupar mucho, ya que estoy entre los más favorecidos.


domingo, abril 28, 2013

Presidente en Calzoncillos



No sé si el Presidente Santos se convirtió en periodista de la revista Soho y ahora decide vivir grandes aventuras, como pasar la noche en una casa de interés social para aparecer en los periódicos.
Soho es una revista colombiana en la que la imaginación de los editores sólo da para poner a sus periodistas a vivir un día como alguien más, ojalá pobres o putas, para llamar la atención del público. Y Santos es el Presidente de Colombia que decidió regalar cien mil casas a los más pobres justo antes de terminar su periodo presidencial e iniciar su campaña para la reelección. Además, es accionista del periódico más leído en el país, para el cual posó en calzoncillos después de pasar una noche de pobre, estrenando una de las casas que regaló. Ahí está, sentado, leyendo el diario local, bien maquillado, bien peinado, como se levantan los pobres. Durmió solo, al parecer, y pasó una buena noche, como es de esperarse, porque la siguiente estará en un hotel de cinco estrellas, o en la casa presidencial. Y es que jugar a ser pobre es muy fácil y puede resultar más una aventura que ofende a los pobres que un acto de solidaridad. Es como decirle a alguien que es tan exótico que vale la pena ser como él un día, pero sólo uno porque dos ya es muy verraco.
Y, no es que esté mal regalar cien mil casas, ojalá fueran un millón, o una para cada colombiano pobre; prefiero que la plata de los impuestos vaya a para en casas para los menos favorecidos (que a este paso somos casi todos los colombianos) a que se la guarden en los bolsillos pensionados del Estado que trabajaron apenas un mes. El problema, Presidente en calzoncillos, periodista de Soho, es que el meollo de este país es estructural y aunque cien mil casas suenan bien y le arreglan la vida a cientos de miles de familias, por fuera de esos beneficiados hay millones de ancianos en la indigencia, millones de colombianos rogando por un sistema de salud humano y eficiente, clamando porque Colpensiones les pague una pensión que se ganaron pero que, según ellos, aún no pueden pagar porque el Seguro Social no les entrega la información . El problema es que el Preisidente de Colpensiones se gana alrededor de 400 millones al año y que el salario mínimo llega apenas a los 6 millones anuales. El problema es que la educación es costosa y está acaparada en el nivel universitario por sectas religiosas como el opus dei, los eudistas, los jesuitas, los tomasinos y no sé qué más congregaciones. Y, la educación gratuita es “puro ladrillo” porque de conocimiento poco. El problema, Presidente, es que sus intenciones parecen buenas pero, al igual que todos los que se dedican a hacer campaña mientras gobiernan, es que se enfoca en lo mediático y olvida lo estructural. El problema, presidente, es que sus calzoncillos son de seda y los del pueblo de lona. 

miércoles, abril 24, 2013

La culpa es de los hombres



Todos los heterosexuales que apoyan el matrimonio homosexual inician la  defensa de la iniciativa diciendo: “yo no soy gay, pero defiendo el matrimonio homosexual”. Es como si hubiera que disculparse, o como si significara un hecho vergonzoso, incluso para los que nos consideramos de avanzada en el tema, y antes que nada debiéramos sentar nuestra hombría o nuestra feminidad, resaltando esa división de roles basada en los genitales. Confieso que yo también he comenzado mis frases de respaldo a la comunidad LGBTI diciendo “no soy gay pero…” Y me avergüenzo de ello. Si de verdad tuviéramos una postura abierta y solidaria con respecto al tema no empezaríamos disculpándonos, ni resaltando de manera sutil por dónde entra nuestro falo cuando deseamos obtener placer de él.
Y hoy, que veo cómo un país laico prohíbe a parejas del mismo sexo unirse en matrimonio, me avergüenzo de no haber votado en las elecciones pasadas a Congreso. Hoy, que soy padre, y que no sé de qué manera disfrutará mi hijo su sexualidad, me siento apenado con él y con sus amigos (muchos de los cuales seguramente serán gay), por haber dejado que allá, donde deberíamos estar representados los colombianos ateos, agnósticos, pro gay, pro sexo excremental, pro libertad, pro placer, pro eutanasia; vemos cómo fósiles que fueron traídos por la cigüeña y cuyos hijos seguramente fueron creados por sus jardineros en un maravilloso éxtasis de placer, hablan por nosotros. Les digo, sin lavarme las manos y sentando un precedente por si el día de mañana mi hijo lee lo que escribo, que no creo que un Estado que prohíbe a la gente el placer y la libre unión por la manera en la que disfruta debajo de las sábanas, merezca respeto alguno por sus instituciones. Creo que este Estado creado por las mayorías para arrasar las minorías no es, ni mucho menos, democrático. Es arcaico, anacrónico, de paracos, curas, mafiosos e hijueputas.
Esas instituciones que demandan el respeto de los colombianos tienen unas bases feudales de poder que representan a los terratenientes y asesinos que basan su hombría en sus penes. Y se aliaron la iglesia, el procurador y los conservadores de antaño cuyas erecciones no se sostienen ni con kilos de viagra introducidos en supositorios anales, para decirle a la gente cómo gozar, si por delante o por detrás, si con hombre o con mujer. Los satanizan porque en un polvo gozan más de lo que ellos, ungidos entre sus biblias, han gozado con sus frígidas y católicas esposas. Aíslan a los homosexuales para sacarlos de su sistema perfecto de caras bonitas, de penes y vaginas, de pensiones miserables, de salud imposible, de curas violadores, de inquisidores modernos.
Algunos de los que defienden la unión heterosexual como única manera posible de compartir en pareja, representantes de Dios en la tierra, atormentados están porque muchos de ellos sólo disfrutan con niños, y legislar eso sería vergonzoso después de tanto escándalo: es mejor seguir haciéndolo en silencio y usando a sus esposas como fachada. En silencio este pueblo ha visto pasar asesinatos, masacres, torturas. En silencio nos atropellan con un sistema de salud deficiente, con una vergonzosa concentración de la tierra, con salarios mínimos miserables. Y se les llena la boca hablando de prosperidad.  Mi muy respetado amigo marica, lo digo con cariño, usted verá si la próxima vez sale a votar. Yo saldré, y no lo haré por usted, sino por mí, que mañana podré resultar excluido de esta sociedad perfecta regida por penes fláccidos, viejas frígidas y devoradores de niños.
Nota: en mi casa el coco antes vestía de cura, hoy viste de congresista con sotana.