Somos
un país idiota, paraco, narco y guerrillero. No tenemos cura porque la única
opción para salir de la estupidez es el estudio de calidad, sin discriminación,
manejado por científicos y no por sectas religiosas. Donde rezar sea una opción
y no una obligación, donde el himno que se cante tenga ritmo de joropo y no de
música importada. Y acá en Colombia nos dedicamos a construir edificios para
llenarlos de cerebros vacíos que imparten cátedras inútiles a
niños sin futuro cuya pobreza mental alimenta la miseria de los municipios que
habitan. Somos inmensurablemente pobres, y a esta carencia material y de
conocimiento se suma la peor de las enfermedades, que se llama optimismo. Ese
sentimiento que pretende que sobre los mares de desigualdad que habitamos, unos
pocos podamos nadar con felicidad porque podemos comprarnos un celular, unas
gafas bonitas o porque pasamos cinco años pagando un carro. Eso, amigos, no es
felicidad, es estupidez. Por eso prefiero a los negativos, a los inconformes, a
los intransigentes, a los que se llenan la boca de insultos para la puta cajera
que nos mira con desdén, para el cabrón político que nos caga la cara
robándonos, para el médico mediocre que nos receta acetaminofén, para el hijo
de puta ladrón de Palacino, la rata de Gaviria, el payaso de Pastrana, el matón
de Uribe, el guevón de Pacho Santos. Prefiero que sobre este optimismo inútil,
medieval, precario, dogmático y conformista lluevan vulgaridades
transformadoras que se materializan en protestas, gritos, letras, fotos. A
volver mierda ese Congreso, a patearles las bolas a los engendros cuya esperma
cuaja cucarachitas que se ganan sueldos onerosos en medio de kilos de mierda. Sueño con castrar a media humanidad para así
evitar que esta monarquía sucia disfrazada de democracia se reproduzca. No quiero
ver a Tomás ni a Jerónimo Uribe en el Congreso, ni tampoco a los hijos de los
Santos, ni a los Gaviria. El optimismo, esa penosa enfermedad que padecemos,
nos mantiene pasivos ante ese desfile de descerebrados inútiles y egoístas.
Nosotros, sus servidores, seguiremos acomodando esos pestilentes culos en el
poder, para que nuestra miseria la aumenten con leyes insulsas que
reglamentarán la educación infértil que reciben nuestros hijos. Odio sus
sonrisas blanqueadas, su pelito de pendejos, sus corbaticas importadas. Los
odio, multiplicadores de pobreza y exclusión.
martes, diciembre 03, 2013
sábado, junio 22, 2013
Ateo con moral cristiana y pasiones humanas
Nacemos
inmersos en un complejo universo de símbolos que dan sentido a nuestra
existencia. Nos inculcan una manera de interpretar los hechos que suceden a
nuestro alrededor y, a partir de ellos vivimos el resto de nuestras vidas de
manera incoherente, resentida, llevando a cuestas como un mal nuestra propia
naturaleza, nuestra fuerza vital. Nos enseñan a cubrir nuestros penes y
nuestras vaginas, como si se tratara maldiciones y no de fuentes de vida y
placer.
Nacemos
enfermos, con la moral encima y el instinto desbordado. Un instinto contrario a los estamentos católicos escritos
y promulgados sobre el comportamiento humano católicamente correcto: prohibida la gula, la lujuria, el homosexualismo
y la sodomía. Lo único que no está prohibido es prohibir, negar la naturaleza
misma. Y somos, entonces, ateos formados dentro de un universo simbólico
dominado por la lógica católica: nos masturbamos a escondidas, fornicamos en
silencio, comemos en exceso con remordimiento y miramos los lindos cucos de la
vecina sin que nadie lo note mientras en público nos vestimos de corbata y
simulamos ser como otros creen que debemos ser.
Cuando
tomamos consciencia de que queremos vivir alejados de esos comportamientos
antinaturales, impuestos por pervertidos que pretenden negar que debajo de sus
sotanas tienen penes y vaginas que huelen como los nuestros, estamos enfermos a
causa de la dualidad entre las pulsiones y el establecimiento.
Mi
hijo no será bautizado y podrá pedir que nadie lo moleste cuando desee
masturbarse, de la misma manera que uno quiere comer sin tener que contestar el
teléfono. No se tendrá que esconder para darle al instinto su cauce natural. Y,
espero, descubrirá por sí mismo los límites entre lo íntimo y lo público. No
creo que mi experimento pueda resultar peor que una institución milenaria cundida
de violadores, pederastas, ladrones y asesinos. No necesito argumentos, la
historia está de mi lado, y si no me crea lea un libro distinto a la biblia.
Mi
hijo lo hará a través de la razón y no de la boca de católicos incoherentes que
traicionan a sus mujeres a escondidas, desayunan niños y roban pobres. Mi hijo
no conocerá a Dios de boca de nadie distinta a la mía, ni tampoco a Jehová, ni
a Mahoma, ni a Buda, ni a ninguno de esos figurines que dan sentido a la vacía
existencia de esta humanidad desgraciada, involucionada y pobre de ilusiones.
Mi hijo vivirá la vida consciente de que el más allá es una ilusión y de que la
vida la puede palpar. Así no sea nadie para la sociedad consumista, productiva,
enferma de eficiencia y eficacia, será mejor que todos nosotros.
sábado, junio 08, 2013
Nuevos Ricos
Hola,
Ardila. ¿Cómo estás? Disculpa la desfachatez para hablarte, pero como ahora
pertenecemos a la misma clase social me tomo el atrevimiento de tratarte por tu
nombre. ¿Sabías, Ardila, que según el Banco Mundial los colombianos que ganamos
dos millones de pesos (1.000 dólares) al
mes somos ricos, o mejor dicho millonarios? Sí, somos pocos los afortunados,
entre los que nos contamos tú y yo. Creo que sólo nos divide la risible cifra
de tres o cuatro billones de pesos, acciones en clubes, propiedades alrededor
del mundo y algo esencial: principios, esos que los ricos en Colombia,
usurpadores de tierra, asesinos, negociantes y explotadores que acumulan
inmensas fortunas como la tuya no tienen. Tus trabajadores se ganan, como
mucho, salarios mínimos miserables y tú acumulas, como hacen los ricos de
billones, para darte la buena vida.
¿Sabías
que algunos colombianos figuran entre los hombres más ricos del mundo?
¡Increíble! Claro, y es que el diez por ciento de los millonarios de verdad,
como tú, se llevan más de la mitad del producto interno bruto del país. Normal,
en eso consiste el capitalismo, en olvidar que afuera hay un país con cincuenta
por ciento de pobreza, cinco millones de desplazados y cosas por el estilo a
las cuales tu fortuna no podría aportar nada, creo yo. Es mejor acumular y gastar
en carros lujosos que tus asquerosas nalgas infestan con pedos pútridos de
jamones y quesos importados. Eso sí que vale la pena, amigo. Por cierto, ya que
somos de la misma clase social ¿cuándo nos vemos en el club? Me gustaría que me
prestes una platica para terminar de pagar el préstamo de Icetex que me sirvió
para hacer una maestría en historia, cuyos intereses son bajitos, algo así como
el uno por ciento mensual…. ¡Una ganga! Ahora multiplícalo por 12 meses que
tiene el año, es decir, 12 por ciento anual. Eso significa que de los 30
millones que me prestaron, si los pagara en un año, el interés no sería sino el
valor de un semestre, o un poco menos. Ahora multiplícalo por 5 años, que
tardaré en pagarlo, y dime… ¿te parece mucho? creo que no. Es algo así como la
mitad de lo que me prestaron, quince millones.
Y ese es el interés más bajito, que es para estudiar, para hacer un país
mejor. El del carro es de uno y medio mensual, a cinco años también.
En
fin, pendejadas que no nos conciernen a los de nuestra clase. Bueno, y yo como
nuevo rico me iré de putas, morcilla y guaro y mañana veré con qué pago el
arriendo. Creo que no me debo preocupar mucho, ya que estoy entre los más
favorecidos.
domingo, abril 28, 2013
Presidente en Calzoncillos
No sé si el Presidente Santos se
convirtió en periodista de la revista Soho y ahora decide vivir grandes
aventuras, como pasar la noche en una casa de interés social para aparecer en
los periódicos.
Soho es una revista colombiana en
la que la imaginación de los editores sólo da para poner a sus periodistas a
vivir un día como alguien más, ojalá pobres o putas, para llamar la atención
del público. Y Santos es el Presidente de Colombia que decidió regalar cien mil
casas a los más pobres justo antes de terminar su periodo presidencial e
iniciar su campaña para la reelección. Además, es accionista del periódico más
leído en el país, para el cual posó en calzoncillos después de pasar una noche
de pobre, estrenando una de las casas que regaló. Ahí está, sentado, leyendo el
diario local, bien maquillado, bien peinado, como se levantan los pobres.
Durmió solo, al parecer, y pasó una buena noche, como es de esperarse, porque
la siguiente estará en un hotel de cinco estrellas, o en la casa presidencial.
Y es que jugar a ser pobre es muy fácil y puede resultar más una aventura que
ofende a los pobres que un acto de solidaridad. Es como decirle a alguien que
es tan exótico que vale la pena ser como él un día, pero sólo uno porque dos ya
es muy verraco.
Y, no es que esté mal regalar
cien mil casas, ojalá fueran un millón, o una para cada colombiano pobre;
prefiero que la plata de los impuestos vaya a para en casas para los menos
favorecidos (que a este paso somos casi todos los colombianos) a que se la
guarden en los bolsillos pensionados del Estado que trabajaron apenas un mes.
El problema, Presidente en calzoncillos, periodista de Soho, es que el meollo
de este país es estructural y aunque cien mil casas suenan bien y le arreglan
la vida a cientos de miles de familias, por fuera de esos beneficiados hay millones
de ancianos en la indigencia, millones de colombianos rogando por un sistema de
salud humano y eficiente, clamando porque Colpensiones les pague una pensión
que se ganaron pero que, según ellos, aún no pueden pagar porque el Seguro
Social no les entrega la información . El problema es que el Preisidente de
Colpensiones se gana alrededor de 400 millones al año y que el salario mínimo
llega apenas a los 6 millones anuales. El problema es que la educación es
costosa y está acaparada en el nivel universitario por sectas religiosas como
el opus dei, los eudistas, los jesuitas, los tomasinos y no sé qué más
congregaciones. Y, la educación gratuita es “puro ladrillo” porque de
conocimiento poco. El problema, Presidente, es que sus intenciones parecen
buenas pero, al igual que todos los que se dedican a hacer campaña mientras
gobiernan, es que se enfoca en lo mediático y olvida lo estructural. El
problema, presidente, es que sus calzoncillos son de seda y los del pueblo de
lona.
miércoles, abril 24, 2013
La culpa es de los hombres
Todos los heterosexuales que
apoyan el matrimonio homosexual inician la defensa de la iniciativa diciendo: “yo no soy
gay, pero defiendo el matrimonio homosexual”. Es como si hubiera que
disculparse, o como si significara un hecho vergonzoso, incluso para los que
nos consideramos de avanzada en el tema, y antes que nada debiéramos sentar
nuestra hombría o nuestra feminidad, resaltando esa división de roles basada en
los genitales. Confieso que yo también he comenzado mis frases de respaldo a la
comunidad LGBTI diciendo “no soy gay pero…” Y me avergüenzo de ello. Si de
verdad tuviéramos una postura abierta y solidaria con respecto al tema no
empezaríamos disculpándonos, ni resaltando de manera sutil por dónde entra
nuestro falo cuando deseamos obtener placer de él.
Y hoy, que veo cómo un país laico
prohíbe a parejas del mismo sexo unirse en matrimonio, me avergüenzo de no
haber votado en las elecciones pasadas a Congreso. Hoy, que soy padre, y que no
sé de qué manera disfrutará mi hijo su sexualidad, me siento apenado con él y
con sus amigos (muchos de los cuales seguramente serán gay), por haber dejado
que allá, donde deberíamos estar representados los colombianos ateos,
agnósticos, pro gay, pro sexo excremental, pro libertad, pro placer, pro
eutanasia; vemos cómo fósiles que fueron traídos por la cigüeña y cuyos hijos seguramente
fueron creados por sus jardineros en un maravilloso éxtasis de placer, hablan
por nosotros. Les digo, sin lavarme las manos y sentando un precedente por si
el día de mañana mi hijo lee lo que escribo, que no creo que un Estado que
prohíbe a la gente el placer y la libre unión por la manera en la que disfruta
debajo de las sábanas, merezca respeto alguno por sus instituciones. Creo que
este Estado creado por las mayorías para arrasar las minorías no es, ni mucho
menos, democrático. Es arcaico, anacrónico, de paracos, curas, mafiosos e
hijueputas.
Esas instituciones que demandan
el respeto de los colombianos tienen unas bases feudales de poder que
representan a los terratenientes y asesinos que basan su hombría en sus penes.
Y se aliaron la iglesia, el procurador y los conservadores de antaño cuyas
erecciones no se sostienen ni con kilos de viagra introducidos en supositorios
anales, para decirle a la gente cómo gozar, si por delante o por detrás, si con
hombre o con mujer. Los satanizan porque en un polvo gozan más de lo que ellos,
ungidos entre sus biblias, han gozado con sus frígidas y católicas esposas. Aíslan
a los homosexuales para sacarlos de su sistema perfecto de caras bonitas, de
penes y vaginas, de pensiones miserables, de salud imposible, de curas
violadores, de inquisidores modernos.
Algunos de los que defienden la
unión heterosexual como única manera posible de compartir en pareja,
representantes de Dios en la tierra, atormentados están porque muchos de ellos
sólo disfrutan con niños, y legislar eso sería vergonzoso después de tanto
escándalo: es mejor seguir haciéndolo en silencio y usando a sus esposas como
fachada. En silencio este pueblo ha visto pasar asesinatos, masacres, torturas.
En silencio nos atropellan con un sistema de salud deficiente, con una
vergonzosa concentración de la tierra, con salarios mínimos miserables. Y se
les llena la boca hablando de prosperidad. Mi muy respetado amigo marica, lo digo con cariño,
usted verá si la próxima vez sale a votar. Yo saldré, y no lo haré por usted,
sino por mí, que mañana podré resultar excluido de esta sociedad perfecta
regida por penes fláccidos, viejas frígidas y devoradores de niños.
Nota: en mi casa el coco antes
vestía de cura, hoy viste de congresista con sotana.
jueves, febrero 07, 2013
viernes, enero 25, 2013
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