Uribe recibe la medalla de la libertad de manos del simio Bush, hazme reír y asesino universal que se embelesó con un poder heredado y que confundió a un pueblo confundido para hacer estupideces con el aval de sus seguidores.
Uribe, sonriente, está al lado de Tony Blair, segundo asesino universal y perpetrador de matanzas en Irak y Afganistán, quien también recibe la honorífica medalla. “Uribe salvó a Colombia de ser un narco Estado”, dice Bush que no puede ubicar en un mapa sino su país y que antes de ser Presidente pensaba que Colombia era una colonia mexicana y que acá no se habla español (como dice el poeta juanes) sino que se habla mexicano.
Aznar debe estar llorando al no haber recibido dicha mención, sobre todo después de haber sacrificado su imagen para apoyar a un simio parlante a conquistar pueblos bárbaros y rudimentarios y llevarles la libertad, ese concepto tan maltrecho y ajado que para los estadounidenses se refiere a la posibilidad de atragantarse y llenarse el buche de comida.
Uribe, el hombre de hierro que recita poemas de Neruda como si estuviese en una escuela de caballería, estuvo sonriente durante la premiación. Esa misma medalla que recibieron hombres como Nelson Mandela parece estar infestada ahora de militarismo y autoritarismo, aunque viniendo de donde viene no me esperaba nada mejor.
Espero que cuando termine el período de Obama dicha medalla, si se otorga, no vaya a parar en manos de Ingrid Betancourt o de Juan Manuel Santos. Menciones, al fin y al cabo, no sirven sino para alimentar el ego de los vanidosos.