miércoles, noviembre 14, 2007

El interminable ciclo del cinismo

Cada nuevo escándalo se ve nublado por un acto de cinismo, de palabrería, o por nuevas actuaciones, vergonzosas en su mayoría, por parte la cúpula del poder que se mofa de los ciudadanos que todo lo tragan entero, y equipara hechos de suma seriedad con banalidades risibles como si la carrera informática fuera a dejar algo de tiempo para contar nuestra historia.

¿Qué pasó con los guerrilleros liberados por el Presidente en su fallido intento por mostrarle al mundo su gesto humanitario? ¿trabajan?, ¿estudian?, ¿delinquen? Como siempre al país ya no le importa, porque nadie se lo narra: y como éste otros miles de actos entran al olvido colectivo de este pueblo que vive en el afán de lo que es preciso, de lo que es noticia, de lo que es hoy.

Pero es que con tanta cosa que pasa en este país a diario, publicaríamos periódicos de la envergadura de Don Quijote de la Mancha, sólo que cubiertos de sangre, lágrimas e impunidad. Inenarrable, inmarcesible, inaprensible todo lo que pasa en este país.

Me cansé de andar pensando qué es lo preciso el día de hoy, si al fin y al cabo leer el periódico de ayer es lo mismo que leer el de hace tres días, cinco meses o cuatro años: nada nuevo, todo efímero, atestado de imprecisiones que no importan porque mañana habrá un error nuevo que llamará la atención de esta desprevenida Nación que se cree informada, indefectiblemente, sin razón alguna.

¿Y los guerrilleros liberados? Ni siquiera sabemos si eran guerrilleros, pero si así fuera da lo mismo si van de bus en bus llenando las filas del subempleo o si están disfrutando de una gruesa pensión pagada por nosotros los colombianos, porque ya el intercambio humanitario pasó a manos de Chávez y de la senadora Piedad Córdoba: probablemente han de fallar y mañana el cuento será otro; quizá Gabito entre a dar una anciana y ajada mano cansada de fotos y halagos y esta vez los animados sean los llamados intelectuales.

El ciclo del cinismo es, poco o más, ese sinfín de información que emerge a diario, sin ton ni son y que se oculta a punta de falacias, que no dejará tiempo a los historiadores para escribir nuestra historia. Está compuesto de tinos y desatinos que nublan la visión para saber lo que es preciso y relevante incluir en esta Iliada posmoderna en la que la batalla sólo la dan los grandes asesinos que desde el poder se jactan de mucha humanidad, de mucha representatividad.

Los medios, carroñeros y pendencieros, están sentenciados a ser de jueces de la verdad que dictaminarán lo que fue y lo que sabrán de nosotros nuestros hijos y nuestros nietos. Esos periodistas con mentalidad mecánica e irreflexiva son el sustento de la verosimilitud, que dista mucho de la verdad, y alimentarán, ipso facto, el ciclo del cinismo hasta que ya no sepamos quiénes somos ni mucho menos, para dónde vamos.

miércoles, noviembre 07, 2007

Xenofobia

A la niña ecuatoriana agredida en España se suma ahora un colombiano de más de 50 años. Recibió una paliza por un grupo de jóvenes que le dejaron serias heridas. (Ver nota http://www.eltiempo.com/internacional/espana/home/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3803988.html). Y, sin ir más allá, como lo publica la misma nota, en febrero de este año a un congoleño lo dejaron tetrapléjico en circunstancias similares. Estos actos xenófobos son repugnantes en cualquier parte del mundo y en contra de cualquier ciudadano del mundo; sin embargo es claro que en España está tomando dimensiones vergonzosas que deja ver mucho de lo que subyace a su sociedad.

Ahora bien: colombianos, peruanos, ecuatorianos y demás latinoamericanos devenimos, desgraciadamente, de esa raza petulante: compartimos algunas pocas cosas buenas como el idioma y otras muchas malas, innumerables, que nos dejaron luego de la conquista y del exterminio de los indígenas.

Cuando salió a la luz el caso de la niña ecuatoriana supuse que un sinfín de niños y jóvenes sin educación, sin formación y sin límites morales (no en el sentido religioso sino de convivencia pacífica) seguirían el terrible ejemplo de ese acto de violencia: efectivamente así fue.

Unos pocos días después de la paliza propinada a esta niña hubo una marcha antirracista: mucho negro, mucho latinoamericano y poco español. Triste pero cierto, ni siquiera salieron a demostrarle al mundo que allá hay gente que es consciente de la importancia de los extranjeros en su país y que rechaza de manera vehemente cualquier acción violenta inspirada la xenofobia.

El 8.5% del total de la población en España es extranjera. A eso se suma que sus habitantes están envejeciendo y que los índices de natalidad no son los más alentadores: El Gobierno español es consciente de ello y por eso pretende incrementar el número de bebés dándoles a los padres la nada despreciable cifra de 2000 euros. De esa necesidad de aumentar el número de ciudadanos aumentó la migración legal para trabajadores latinoamericanos, claro está, para obreros, celadores y demás actividades que a las delicadas manos españolas les parece indigno hacer para sobrevivir.

La migración es un fenómeno benéfico para ambas partes: por un lado, los inmigrantes envían a sus familiares remesas y logran mantenerlos, cosa que en su propio país sería un acto irrealizable. Por otra parte pagan impuestos, cuando están de manera legal, y aumentan los índices de natalidad: constituyéndose en una importante fuerza de trabajo. Estos actos violentos crean cada vez más una brecha entre unos ciudadanos y otros hasta que ocurra lo que está pasando en países como Estados Unidos, se están formando dos mundos aparte en el que, indudablemente, ganará el más numeroso, el que más se procree, y ojalá no se inviertan los papeles.