jueves, agosto 30, 2012

Vaquería

Para ver bien hay que acercarse. Siempre consideré la vaquería como una actividad salvaje. La miraba desde mi torpe ignorancia capitalina que no conocía su origen, ni sabía que los llaneros se levantaban en la madrugada para capturar el ganado que se les escapaba. Después se convirtió en deporte.

jueves, agosto 16, 2012

Así murió el corcel


Hace pocos días vi un caballo tendido en plena vía de Bogotá, moribundo en medio del desorden. Y aunque muchos nos conmovimos, seguimos adelante para cumplir con la cuota diaria del afán industrial. No sé qué habrá sido del caballo, pero lo más probable es que haya muerto. Lo habrán tasajeado para venderlo por carne de alta calidad, no sin antes haber sufrido terribles dolores y espanto en medio de pitos, sonidos de ambulancias sin pacientes, gritos de vendedores ambulantes e insultos de conductores impacientes. Creo que nadie querría morir en una calle de esta ciudad, ni de ninguna otra, fatigado por el cansancio de incontables horas de servicio, de golpes, hambre, deshidratación…
El hecho se repitió hace pocos días, y no lo presencié pero lo escuche en la radio. En el lugar se detuvieron veterinarios y transeúntes de buen corazón que ante la gravedad del animal sólo pudieron acompañarlo a morir. El sufrimiento no tiene excusa si puede ser evitado, y menos cuando nos ufanamos de haber pisado la luna, de haber inventado el computador, el Ipod, el I pone y tanta basura útil que nos acompaña en esta existencia plástica. No soy vegetariano, ni tampoco creo que esta opción deba ser la única para los defensores de los animales. Siempre habrá alguna alternativa para comernos los unos a los otros sin causarnos terribles dolores. La misma naturaleza es compasiva.  
Y, en medio de esa desazón que me invade, tengo la penosa necesidad de hablar de política.  Hoy las corridas de toros son prohibidas en Bogotá, medida que aplaudo pero no como el contentillo que se nos ha dado, ni como triunfo definitivo que ven algunos inocentes, creyendo que sólo en dicho espectáculo hay una alta dosis de crueldad.  No, eso fue una batalla tonta, mediática, porque tiene sangre y todo lo que sea rojo resulta llamativo. Pero si sumáramos todo el sufrimiento y el dolor que acumulan nuestros animales domésticos veríamos que un toro al mes no es nada en comparación con las cientos de zorras que transitan a diario por Bogotá impulsadas por el látigo del reciclador que no puede cargar ni siquiera con su propia existencia. Entonces descarga su desdicha sobre el pobre corcel.
Los colombianos nos hemos centrado en la discusión sobre las corridas de toros, y no hemos siquiera imaginado que a diario mueren decenas de perros electrocutados, sufren caballos y zorras bajo la mirada de policías, políticos y ciudadanos que, como yo, no hacemos nada ante el dolor del prójimo. El animal, queridos católicos, es nuestro prójimo. Y cuando hablo del animal no me refiero al Alcalde de Bogotá que prohibió las corridas de toros pero no las zorras, ni creó centros de cuidado para perros y animales, ni tampoco pensó en promover la adopción y la no compra de perros de raza, todo esto como parte de una política integral en contra del maltrato animal. El Alcalde, no sé si por ignorancia o estupidez, se gana los votos de idiotas que no notaron que el sufrimiento no sólo se vive en la arena pública en la que debuta el toro, sino también en los lugares donde bípedos como nosotros enfrentan perros a la muerte sólo porque ellos mismos no tienen los suficientes cojones para enfrentarla. El Alcalde no notó que por el frente del Palacio de Liévano pasan caballos maltratados, perros con hambre; tampoco advirtió que la carne que comió quizá es del pobre corcel que murió tendido en plena vía de la ciudad mientras sus políticas mediáticas acaban de consagrarlo con el voto de los tontos.  Ojalá y su perra Bacatá le abra los ojos. 

miércoles, junio 20, 2012

La política distractora


Aquello que fue concebido como un ejercicio de deliberación para la búsqueda del bien común es hoy un distractor de los elementos fundamentales que estructuran a las sociedades. La política es una enfermedad televisada que no dice nada duradero, mientras que la novela todavía dice algo; no sé por cuánto tiempo, pero aún lo hace.
Y esa diferencia entre política y pensamiento se manifiesta abiertamente en los móviles que conducen sus ideas, encontramos una  amplia brecha entre el periodismo, que registra los aspectos políticos, y la literatura o la historia, que indagan en las motivaciones y estructuras que rigen las vidas de los hombres.
Digo hombres y no hombres y mujeres porque creo que somos la misma especie y que no construiremos sociedades mejores nombrando las cosas dos veces y agregando una letra al final de cada palabra para incluir a las minorías. Porque de ser así, cuando nos dirijamos a un público y queramos ser políticamente correctos deberemos decir: Damas y caballeros, rameros y rameras, asexuados y asexuadas, maricos y  maricas, putos y putas, distinguidos y distinguidas. Y faltarían otras tantas minorías por sumar para así involucrar al total de nuestra sociedad. Estas preocupaciones de forma son las preguntas de la academia y del periodismo, del activismo político, de las ONG y, a través de los debates que suscitan sus imbecilidades, vemos cómo la materia gris de los hombres encamina sus energías a resolver problemas tontos, sin fondo y sin solución. La novela y la poesía, para bien del lector, no se preocupan por esas nimiedades y por lo tanto mantienen algo de estética, así tampoco solucionen mucho.
Por eso cuando el periodista se llama a sí mismo literato yo me enrosco, porque me entristece pensar que nuestros reporteros mal hablados y sin mínimos conocimientos sobre sus propias sociedades se crean literatos, o mejor dicho, escritores. Tampoco defiendo a los literaticos de academia, a esos que leyeron obligados y a quienes les dieron costosos cartones inservibles como prueba fehaciente de su desconocimiento del mundo; me refiero a los que se formaron leyendo y escribiendo con ira, pasión, disgusto o cualquier otra emoción visceral que los hace, realmente, merecedores al título de escritores.
 La política sirve para entretener a los ociosos, porque ha demostrado su incapacidad para regir el destino de los hombres bajo sistemas igualitarios. La efectividad de las leyes que se proclaman en nuestras instituciones democráticas son como el dinero de la cooperación internacional: se queda en el camino. Lo sustancial, aquello que nos incumbe a todos, se disfraza bajo debates de odio, basados en ideologías enfermas derivadas de instituciones religiosas. Así, el derecho a la igualdad se pierde entre el debate homosexual, la legalización de las drogas, las minorías étnicas y otros tantos disfraces que fragmentan la sociedad para aparentarla incluyente.  
Hoy equiparamos los debates de ideas con las conversaciones de té que entablan reinas de belleza en los noticieros de televisión sobre si tal o cual culo es real u operado. Acto seguido sale un secuestrado, que antecede al de mañana, y al de pasadomañana, como si se tratara de una novela predecible y mal escrita cuyos protagonistas siempre visten de corbata y jamás visitan una cárcel. 

viernes, junio 08, 2012

Coronemos a las reinas en el castillo, tal y como se lo merecen


El castillo de San Felipe en Cartagena de Indias fue escenario para una película pornográfica de bajo presupuesto. Magnífico uso el que se le dio a esa construcción que es, en últimas, un legado más de la colonia española que nos recuerda la esclavitud, el saqueo y los horrores cometidos durante la época de la colonia. A los pobres indios se les cobraba por pertenecer a una cofradía, por trabajar, por cultivar: y mientras tanto ellos, las ratas colonizadoras, construían castillos para sentirse grandes.
Yo, al contrario de las ancianas moralistas cuyo mayor pecado es horrorizarse con un pene,  me siento orgulloso de que ahora se coronen reinas en el Castillo de San Felipe: ¿Acaso no fueron construidos para eso? ¿O es que sólo los ricos pueden disfrutar de ellos? Y me gusta más aún que sean reinas populares las que desfilen con sus inmensas caderas por entre los laberintos del amor. Y es que, por esos mismos pasillos donde se coronó a la negrita (que no he podido ver porque no encuentro el link de la película) pasan a diario gringos y europeos con cara de turistas que por las noches desayunan y almuerzan niños en condiciones extremas de pobreza. Eso sí da pena, viejas mojigatas, mariconas.
Y ahora la clase alta costeña se indigna por un polvito entre adultos inmortalizado en video, cuyo único pecado es una pequeñísima reivindicación histórica en la que mostramos que ahora hacemos lo que queremos con esas construcciones que, hoy por hoy, hieden a meados de gamín y a culo de loco.
Hace poco se conoció, también, una película porno grabada en una estación de bomberos en Puerto Colombia, al lado de Barranquilla.  Y, si no hay fuego en el pueblo ¿por qué los bomberos no pueden apagar otros incendios? Permítanles que se quiten el aburrimiento y, de paso, que se ganen unos pesitos de más por prestar una locación con fines filantrópicos, exquisitos, como lo es el sexo entre adultos, sin importar si es homosexual, heterosexual, bisexual o lo que a cada quien le plazca. 

jueves, marzo 29, 2012

Los vándalos del Transmileno

¿Dónde están los vándalos del Transmileno, esos que publican en primera página del periódico, y muchos de los cuales no tienen nada que ver con los ataques a las estaciones? ¿Dónde están los maestros de escuela, estudiantes y profesores universitarios que quedaron captados por cámaras con bajos pixeles y que se intuye estaban atacando el negocio de los transportadores colombianos? Los maestros están escondidos o presentándose ante la justicia para demostrar que estaban en el lugar equivocado. Los vándalos, algunos están sueltos montando en bicicleta, vociferando que el único sistema masivo de transporte viable en el mundo es el Transmilenio. Publican en twitter, con obstinación y terquedad, que todo lo demás es costoso, insuficiente y difícil de construir. Parece más defendiendo su ego y su honra que el bien de la ciudad. Los otros vándalos, los que justifican que la corrupción es inherente al ser humano, decidieron seguir el ejemplo de Ghandi y hacer huelga de hambre en la cárcel, según ellos por miedo a ser envenenados. Pagarán, si mucho, unos pocos años y saldrán de la cárcel a rebuscar entre las caletas los millones de dólares que enterraron en las playas de Miami. Y, el otro vándalo, el dientón que saqueó la ciudad en nuestras narices durante casi cuatro años, trota todos los días en el Parque Nacional, custodiado por dos policías que lo acompañan a mantener su estado físico porque si se enferma ¿Quién se va a ir de fiesta con los hermanos Nule? ¿El procurador? No, hombre, si ese apóstol salió más consecuente de lo que saldría ateo, anarquista, bisexual o transexual alguno. Petro, el antes comprensivo de la protesta social y ahora perseguidor, está detrás de los vándalos y defendiendo con policía la infraestructura de la ciudad, infraestructura que si el insatisfecho público no echa abajo, se caerá por sí misma a causa de la mala calidad con que fue construida. Bogotá es una ciudad pegada con mocos de ricos. El Alcalde, democrático, ahora sataniza la protesta social y echa en el mismo costal a unos pocos violentos y una ciudadanía agotada del mal servicio del transporte público (que en realidad es privado) que ofrece la ciudad. Así se desvía el debate del mal transporte público y nos dedicamos a buscar malos, sabiendo que están sentados en nuestras honorables instituciones democráticas. Entonces, señores, si están buscando a los vándalos del Transmilenio, ¡por ellos que ya les dije dónde están! Ahora, como si fuera poco, hay un campamento de obreros subiendo hacia el municipio de la Calera que lleva más de dos años haciendo no sé qué. Herramienta en el piso y trabajadores mezclando cemento en baldes como si así fueran a detener un derrumbe. La carrera once se hundió y está cerrada, aún no se sabe por qué pero ya están escogiendo el grupo de personas que va a ir a vivir ahí durante los siguientes dos o cuatro años. Espero, al menos, que los contratistas les paguen bien a esos obreros.

martes, enero 24, 2012

A la abuela, dos años después

El insomnio es el espacio creativo. Lo sabías, abuela? Creo que no, porque hace ya más de dos años que duermes en paz. Por mi parte, desde que me medicaron con pastillas psiquiátricas duermo bien, y por eso escribo poco. Siempre que se gana algo se pierde alguna cosa. Ya mis insultos no fluyen con el mismo ímpetu de antes, ni tengo una posición incorruptible ante la vida y los principios. Es más, últimamente prefiero los finales.
Hace años que dejé de leer Bukowski, Burroughs y Vallejo. El sistema me ha lavado el cerebro y ya no los disfruto como antes. Los veo como literatura juvenil, y los adolescentes no me gustan, porque adolecen de conciencia para disfrutar que lo tienen todo. Pero el tiempo pasa y deja huellas indelebles de taras y complejos que se potencian con la estupidez de la adultez, con la maricada esa de la sociedad y del amor y de la culpa… y todo eso que se inventaron los católicos. Yo sé, querida abuela, que eras católica. Pero lo eras por convicción divina y no por política. Y ahora sé que al final de tus días poco te preocupaban esos dilemas. Eras una mujer con claridad de lo bueno y de lo malo, aunque hablabas poco para decirle a los hijueputas a la cara lo que se merecían. La prudencia te acompañó en 50 años de casada, y aún antes de morir guardaste silencio. ¡Y sí qué tenías cosas que decir! A mí se me habría hinchado la boca de guardar tanto. Hoy sufro por hablar mucho, porque a la gente no le gusta el ensordecedor ruido de la crítica. Prefieren ocultarse debajo de su ropa de moda, o tras la cortina de humo que tiende el basuco entre la realidad y la ficción. Yo también me ocultaría si no hubiera cometido el error de abrir un libro por primera vez. Es que el conocimiento acompaña a la frustración, porque nos da conciencia de lo que no podremos alcanzar. Aunque, a modo de comentario, te cuento que el conocimiento cada vez se aleja más de las universidades y colegios, si es que alguna vez rondó esos lugares; desde que institucionalizó tenemos hordas de bestias marchando, creyendo que con saber un poco más se van a comprar el último celular, o van a pagar la prepago del año, como sueñan todos los colombianos del nuevo siglo.
Te confieso, abuela, que me hacen falta tus silencios, tus telenovelas, tus cigarrillos. Las reuniones familiares no son lo mismo sin tu presencia, porque ya no quedan mujeres mayores en la familia, y los hombres tendemos a ser estúpidos por naturaleza. Sin embargo, hacemos nuestro mejor esfuerzo para sobrevivir a tu ausencia. Mi tía lo hace bien, así que sigue durmiendo, tu espacio creativo ya terminó.
Nota: Perdóname no abrir los signos de interrogación, pero la globalización acabó con esas maricadas inútiles.

jueves, enero 19, 2012

En contra de la resurrección

Ofreciendo de antemano las debidas disculpas a los creyentes en la rencarnación, a los que temen ver sus cuerpos carcomidos por los gusanos, a los que anhelan nacer en el primer mundo en el próximo chance: Mi mayor castigo no sería el infierno católico, sino una segunda vida. Ni qué decir una tercera o cuarta. No, con una visita por este mundo es suficiente para preferir la versión católica y pedirle a Dios que me mande al infierno a rostizarme los testículos en las tierras bajas. Me gustan la tierra caliente, las diablas, la música pecaminosa. Quiero bailar reguetón con todas las vagabundas que Dios rechazó por saber hacer lo que el instinto les manda, quiero encontrarme con Joe Arroyo pegándose un sustico en cualquier rincón, y después poniendo a bailar a Messalina con su séquito de folladores. ¡Qué bello parece ser el infierno!
El cielo se los devuelvo, queridos católicos. Nada más aburrido que un harpa tocada por un ángel con cara de mariquita, y varios curitas detrás, cogiendo a los angelitos como saben hacer desde el principio de los tiempos.
Y, en lo que se refiere a volver acá vestido de africano con hambre, o de gringo obeso, ninguna de las anteriores me llama la atención. Y conociéndome sé que tendría que rencarnar en alguna de esas dos opciones, o en cura, para quitarme de encima el fastidio que le tengo a ese combo de limosneros. Y si de alcanzar el nirvana se trata, me quedo con ese grupucho de quinta categoría que sonó en los noventa y cuyo incomprendido cantante decidió quitarse la vida. Yo no quiero más vida que esta, querido Dios. Prefiero disfrutarla como si se tratara del infiero, comer como africano en restaurante de comidas rápidas, como cura en colegio masculino, como papa en internado, como monja en colegio femenino, como cardenal en jardín infantil, como monseñor en casa de pobre. A mí déjenme vivir esta vida, la siguiente se las regalo a los que la necesiten para que terminen de echarle la segunda planta a la casa.