domingo, abril 28, 2013

Presidente en Calzoncillos



No sé si el Presidente Santos se convirtió en periodista de la revista Soho y ahora decide vivir grandes aventuras, como pasar la noche en una casa de interés social para aparecer en los periódicos.
Soho es una revista colombiana en la que la imaginación de los editores sólo da para poner a sus periodistas a vivir un día como alguien más, ojalá pobres o putas, para llamar la atención del público. Y Santos es el Presidente de Colombia que decidió regalar cien mil casas a los más pobres justo antes de terminar su periodo presidencial e iniciar su campaña para la reelección. Además, es accionista del periódico más leído en el país, para el cual posó en calzoncillos después de pasar una noche de pobre, estrenando una de las casas que regaló. Ahí está, sentado, leyendo el diario local, bien maquillado, bien peinado, como se levantan los pobres. Durmió solo, al parecer, y pasó una buena noche, como es de esperarse, porque la siguiente estará en un hotel de cinco estrellas, o en la casa presidencial. Y es que jugar a ser pobre es muy fácil y puede resultar más una aventura que ofende a los pobres que un acto de solidaridad. Es como decirle a alguien que es tan exótico que vale la pena ser como él un día, pero sólo uno porque dos ya es muy verraco.
Y, no es que esté mal regalar cien mil casas, ojalá fueran un millón, o una para cada colombiano pobre; prefiero que la plata de los impuestos vaya a para en casas para los menos favorecidos (que a este paso somos casi todos los colombianos) a que se la guarden en los bolsillos pensionados del Estado que trabajaron apenas un mes. El problema, Presidente en calzoncillos, periodista de Soho, es que el meollo de este país es estructural y aunque cien mil casas suenan bien y le arreglan la vida a cientos de miles de familias, por fuera de esos beneficiados hay millones de ancianos en la indigencia, millones de colombianos rogando por un sistema de salud humano y eficiente, clamando porque Colpensiones les pague una pensión que se ganaron pero que, según ellos, aún no pueden pagar porque el Seguro Social no les entrega la información . El problema es que el Preisidente de Colpensiones se gana alrededor de 400 millones al año y que el salario mínimo llega apenas a los 6 millones anuales. El problema es que la educación es costosa y está acaparada en el nivel universitario por sectas religiosas como el opus dei, los eudistas, los jesuitas, los tomasinos y no sé qué más congregaciones. Y, la educación gratuita es “puro ladrillo” porque de conocimiento poco. El problema, Presidente, es que sus intenciones parecen buenas pero, al igual que todos los que se dedican a hacer campaña mientras gobiernan, es que se enfoca en lo mediático y olvida lo estructural. El problema, presidente, es que sus calzoncillos son de seda y los del pueblo de lona. 

miércoles, abril 24, 2013

La culpa es de los hombres



Todos los heterosexuales que apoyan el matrimonio homosexual inician la  defensa de la iniciativa diciendo: “yo no soy gay, pero defiendo el matrimonio homosexual”. Es como si hubiera que disculparse, o como si significara un hecho vergonzoso, incluso para los que nos consideramos de avanzada en el tema, y antes que nada debiéramos sentar nuestra hombría o nuestra feminidad, resaltando esa división de roles basada en los genitales. Confieso que yo también he comenzado mis frases de respaldo a la comunidad LGBTI diciendo “no soy gay pero…” Y me avergüenzo de ello. Si de verdad tuviéramos una postura abierta y solidaria con respecto al tema no empezaríamos disculpándonos, ni resaltando de manera sutil por dónde entra nuestro falo cuando deseamos obtener placer de él.
Y hoy, que veo cómo un país laico prohíbe a parejas del mismo sexo unirse en matrimonio, me avergüenzo de no haber votado en las elecciones pasadas a Congreso. Hoy, que soy padre, y que no sé de qué manera disfrutará mi hijo su sexualidad, me siento apenado con él y con sus amigos (muchos de los cuales seguramente serán gay), por haber dejado que allá, donde deberíamos estar representados los colombianos ateos, agnósticos, pro gay, pro sexo excremental, pro libertad, pro placer, pro eutanasia; vemos cómo fósiles que fueron traídos por la cigüeña y cuyos hijos seguramente fueron creados por sus jardineros en un maravilloso éxtasis de placer, hablan por nosotros. Les digo, sin lavarme las manos y sentando un precedente por si el día de mañana mi hijo lee lo que escribo, que no creo que un Estado que prohíbe a la gente el placer y la libre unión por la manera en la que disfruta debajo de las sábanas, merezca respeto alguno por sus instituciones. Creo que este Estado creado por las mayorías para arrasar las minorías no es, ni mucho menos, democrático. Es arcaico, anacrónico, de paracos, curas, mafiosos e hijueputas.
Esas instituciones que demandan el respeto de los colombianos tienen unas bases feudales de poder que representan a los terratenientes y asesinos que basan su hombría en sus penes. Y se aliaron la iglesia, el procurador y los conservadores de antaño cuyas erecciones no se sostienen ni con kilos de viagra introducidos en supositorios anales, para decirle a la gente cómo gozar, si por delante o por detrás, si con hombre o con mujer. Los satanizan porque en un polvo gozan más de lo que ellos, ungidos entre sus biblias, han gozado con sus frígidas y católicas esposas. Aíslan a los homosexuales para sacarlos de su sistema perfecto de caras bonitas, de penes y vaginas, de pensiones miserables, de salud imposible, de curas violadores, de inquisidores modernos.
Algunos de los que defienden la unión heterosexual como única manera posible de compartir en pareja, representantes de Dios en la tierra, atormentados están porque muchos de ellos sólo disfrutan con niños, y legislar eso sería vergonzoso después de tanto escándalo: es mejor seguir haciéndolo en silencio y usando a sus esposas como fachada. En silencio este pueblo ha visto pasar asesinatos, masacres, torturas. En silencio nos atropellan con un sistema de salud deficiente, con una vergonzosa concentración de la tierra, con salarios mínimos miserables. Y se les llena la boca hablando de prosperidad.  Mi muy respetado amigo marica, lo digo con cariño, usted verá si la próxima vez sale a votar. Yo saldré, y no lo haré por usted, sino por mí, que mañana podré resultar excluido de esta sociedad perfecta regida por penes fláccidos, viejas frígidas y devoradores de niños.
Nota: en mi casa el coco antes vestía de cura, hoy viste de congresista con sotana.