miércoles, octubre 17, 2007

Ay, Petro....

Peleaba contra los yanquis y ahora les recibe premios de derechos humanos. Después de haber arremetido contra los Estados Unidos en un sinfín de debates, después de haber pregonado a los cuatro vientos (como Senador) y a punta de plomo (como guerrillero) en contra el capitalismo, el Senador estrella de nuestra izquierda pasa largas temporadas en Washington, haciendo gala del cinismo, más que de la diplomacia, y le recibe premios a los gringos, como si éstos supieran de humanidad y de derechos en algún lugar de la tierra que esté fuera de su territorio.

Se comportan igual, oran igual, viven en los mismos barrios, se dan la mano detrás de cámaras mientras que en el debate se insultan: burlándose de la inocencia del ciudadano que cree todo lo que ve a través de la pantalla. Estas ratas de la izquierda se están pareciendo, triste pero no sorprendente, a los hijos de puta de derecha que vienen detentando el poder desde la conquista. Hampones todos, que se embelesan con el poder y que viven en palacetes en el parque de la 93 y salen a los mejores restaurantes: luchan por la igualdad pero a ninguno se le ha ocurrido que le reduzcan ese exorbitante sueldo de narcotraficante que reciben gracias a los impuestos que pagamos los colombianos, con más del 60 por ciento en la pobreza.

Duele más de la izquierda que de la derecha. De los ricos y de los hijos de puta ladrones del partido conservador, liberal y de la U no me esperaba menos, porque ellos y sus papás hicieron de este país una cloaca desde hace mucho, pasándose el poder a través del apellido, a pesar de que vivíamos en una democracia.

Que el Senador tiene la razón: seguramente sí, lo que él denuncia no es secreto para nadie. La tierra productiva de este país pertenece a un mínimo porcentaje del total de la población, y además no la trabaja. La tiene para mirar a lo lejos y decir que “todo, hasta donde le llega la vista y más, es mío”, y lo heredará a los monstruos que ha de parir con una perra desvergonzada que tiene la misma cantidad de tierras: entonces se sumarán el hijo de puta y la perra, ambos millonarios, y después pondrán a sus hijos, y a sus nietos, a fornicar hasta que todo sea de la misma familia, la infamia, y el resto del país quede en la inopia.

Pero esa denuncia no merece un premio de derechos humanos; mucho menos cuando el premio viene de un país que no conoce el término. Ese reconocimiento se lo deberían dar post mortem al señor López Pumarejo, que en su primer Gobierno quiso implementar una reforma agraria y no lo dejaron sus amigos, los ricos y los industriales, ni implementarla ni terminar su segundo período presidencial. El Senador, quiera Alá y no lo reciba, se ponga juicioso y a portarse como un hombre consecuente porque a este paso no sería raro encontrarlo un día recibiendo el premio Nóbel de la paz de manos del Presidente Bush.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Vamos, hombre, que tanto nihilismo cerril lo hace ver como los "irreverentes" de "La Tele", tan malos y tan cínicos con todo el mundo que se volvían inofensivos. Y es que darle palo a todo por igual, de manera cabezona y sin establecer "grados de gravedad" termina convirtiendo al crítico en un buen humorista, al que todos miran con simpatía porque, en su irreverencia impostada termina neutralizándose a sí mismo, termina siendo justo lo que no quería ser: políticamente correcto, "neutral", "imparcial", en una palabra, inocuo.

Estoy de acuerdo conque Petro se pasa de pragmático (en el sentido filosófico del término, lo que no es un halago para el aludido por el adjetivo) al observar a los gringos como un parapeto sobre el cual impulsar sus ideas y garantizarles un éxito relativo en términos prácticos a corto plazo. Si se ha de denunciar el cinismo de los gringos y a desnudar su hipocresía e inconsecuencia, que se haga por igual con todos (Clinton bombardeó las pocas y precarias plantas farmacéuticas en Sudán), pero yo creo que no hace falta ser muy agudo para que ese fallo notorio de carácter y coherencia discurso-método sea mucho menos relevante que el ejercicio de quienes pretenden descalificar las críticas de Petro escudándose en esos defectos de método... justamente los que Ud. señala, entre su selva de madrazos innecesarios, como los perversos terratenientes y sus corruptos estafetas políticos, ahora en el poder (de la presidencia hacia abajo). Espero que comprenda esta crítica como un llamado de atención constructivo de alguien que comparte algunas de sus ideas, pero que cree que su "nihilismo juveniloide" no es más que la versión en negativo de "prender una vela a cada santo": apagar una vela al santo de cada bando para pasar de rebelde pero no molestar a nadie - bien sabe que en un país en el que la ignorancia política enorme (tanto como para que algunos todavía crean en las reformas agrarias de papel de miembros de las élites políticas de toda la vida, como los López) la gente ve la política como los hinchas de los equipos de fútbol: es más dulce la derrota del archienemigo que la victoria propia.

Anónimo dijo...

Al que le caiga el guante señor.
Interesante reflexión, valga el comentario.
Santiago Gardeazábal