No es extraño que en Colombia y en otros países clericales, pero constitucionalmente laicos, la iglesia sea consultada por periodistas, investigadores, legisladores y presidentes, entre muchos otros, a la hora de tomar decisiones. Negar a la iglesia católica la participación debe ser una prioridad entre los creyentes y no creyentes para poder avanzar en una sociedad incluyente y respetuosa de los derechos fundamentales, entre ellos el derecho a la vida. Este último debe incluir también el derecho a la muerte por decisión propia acorde a las creencias de cada cual, y no estar sujeto a un valor de la vida que fue otorgado por los asesinos que dispusieron de la vida de herejes y brujas durante siglos. El fin no justifica los medios y la legitimidad de la iglesia está perdida, por más disculpas que Juan Pablo II haya pedido. Los muertos muertos están y los asesinos deben ser considerados asesinos por la historia.
La iglesia perdió su legitimidad como interlocutor para defender la vida al haber sido una asesina a sueldo y cruel. Afortunadamente no lo digo yo, lo dice la historia que a pesar de las restricciones de la misma iglesia logró recuperar en la memoria de la humanidad las barbaridades de sus santidades, papas, cardenales y demás verdugos. El derecho a vivir hasta cuando cada uno decida que es suficiente debe ser un debate ético que esté por encima de la religiosidad y de los fundamentos de la filosofía moral cristiana. Tampoco es interlocutor legítimo la iglesia para discutir el aborto, tema al que subyace también el derecho a la vida, según la manera en que nos ha sido presentado el hecho por la iglesia. ¿Si quieren tantos niños por qué no los hacen ellos mismos, los curitas y las monjitas? Supongo que porque los hijos pedirían herencia y lo que les quedó de leyes como las “manos muertas” se perdería, al igual que las propiedades expropiadas de los narcotraficantes.
El dilema ético debe ser reconcebido por la academia, y difundido entre la gente para que no vea malo como equivalente a pecado, eso sólo crea humanos resentidos que viven con la culpa a cuestas y matan, esta vez, para encubrir el pecado. Le pido a la academia, también, que entienda que las investigaciones, estudios y reflexiones no son para guardárselas debajo de la almohada o para alimentar la vanidad, son para la gente y así mismo deben estar puestas en términos comprensibles de manera que aparte de su ego se alimente la sociedad. Cito a todas las manos del mundo a una masturbación colectiva que nos arranque de una vez el imaginario de que todo lo que produce placer es repugnante y pecaminoso; no será el mejor comienzo pero empezamos a decirle a la iglesia que se aparte de lo que no le importa, empezando por nuestros cuerpos. Mañana veremos cómo le hacemos para que no se metan en los debates de un Estado laico. En sus templos pueden bajarse los calzones y enjuagarse el culo con agua bendita, si la cagada lo amerita, en el país no, a menos que sigamos agachados, rezando por la vida de un nazi y por los milagros de los que se confabularon con inquisidores y demás asesinos. Amén.
sábado, junio 28, 2008
domingo, junio 15, 2008
Familias Vergonzantes
En Colombia hay un auge de organizaciones pro prójimo, pro niño, pro anciano, pro gay… todas ellas justificables y necesarias en un país pobre, guerrillero, paramilitar y mafioso. Sin embargo, jamás pensé que existiera en nuestro portafolio una organización llamada “Familias Vergonzantes”. Sí señores, y no se rían que quizás mañana les toca a ustedes: esta fabulosa organización fue creada para ayudar a las familias que, por esos azares del destino, perdieron su riqueza material y sólo quedaron con la espiritual; entonces resultaron jodidos y además con un color rojizo en las mejillas símbolo de la vergüenza de ser pobre. Y es que ser pobre da pena cuando es culpa de uno y no del Estado. Ahora a estos caídos en desgracia les organizan kermés para ayudarlos a que coman carne y no lentejas para diferenciarse de los demás pobres que sí aceptan lo que les dejó el destino. Los vergonzantes, en cambio, no se acoplan a la desdicha de haber perdido todo lo que se robaron, incluida la dignidad, y se esconden detrás de la falta de oficio de unas ancianas desocupadas que hacen pasteles para venderlos y darle de comer a los cerdos que se robaron el país y que después fueron robados por un vivo menos bobo que sí supo quedarse con lo ajeno.
Ahora bien: Son familias porque están compuestas de varios miembros: mamá, papá, hijos e hijas y perrito chiquito y maricón. La familia es la célula de la sociedad, como lo define la iglesia católica. Todos ellos desocupados porque les da pena salir a buscar trabajo para pagarse la comida, y en cambio prefieren vivir de la caridad de sus congéneres que sí saben robar. Ahora, se les olvida que la iglesia también es la pervertida que anda con el cuentico ese de que el trabajo dignifica al hombre… háganle caso y salgan a trabajar, pónganle el pecho a la “pobreza” como lo hace el país que ustedes tienen sumido en la miseria. Asimismo, estas familias son vergonzantes porque, como lo define El diccionario de la Real Academia de la Lengua tiene (n) vergüenza. Aunque me gusta más la segunda acepción: Se dice regularmente de quien pide limosna con cierto disimulo o encubriéndose. Entonces además de ladrones y pendejos son limosneros…, y para rematar ¡pobres! Pobres de corazón. Mejor dicho unos pobres hijueputas. No es fácil que una palabra cumpla con dos acepciones a la vez, pero estas pobres familias lo hacen: además de sentir vergüenza por su condición piden limosna y se esconden detrás de los ajados rostros de ancianas que ocultan tras la cocina la desdicha de haber visto un solo pene en toda su vida. Entonces los pobres se esconden detrás de unas pobres viejas para robar comida que debería ir para los pobres de verdad. Señor Presidente, usted que todo lo puede, póngale freno a esto; y no se preocupe que a usted nunca le va a tocar colgarse de las enaguas de unas ancianas consumadas por la desdicha, repito, de haber visto un solo pene a lo largo de toda su vida. Usted tiene a Tomás y a Jerónimo, benditos muchachos inteligentes. Y no se le olvide que ya va acumulando la tercera pensión presidencial.
Mis más sinceros saludos a los pobres de verdad. Los invito a que salgan a robar a esas ancianas desocupadas y a que agarren por las bolas a los vergonzantes que les están quitando la comida que les pertenece. ¡Además los están sacando del negocio! Si ustedes se pusieran a dirigir bancos o entraran al Congreso, créanme que estos hijueputas no dudarían en quemarlos, como le hicieron al mejor humorista de nuestro país cuando exhibía los tres dientes que le dejó el bazuco y oraba en el Concejo de Bogotá. Saludos, concejal Lucho, te llevamos en nuestros corazones.
Ahora bien: Son familias porque están compuestas de varios miembros: mamá, papá, hijos e hijas y perrito chiquito y maricón. La familia es la célula de la sociedad, como lo define la iglesia católica. Todos ellos desocupados porque les da pena salir a buscar trabajo para pagarse la comida, y en cambio prefieren vivir de la caridad de sus congéneres que sí saben robar. Ahora, se les olvida que la iglesia también es la pervertida que anda con el cuentico ese de que el trabajo dignifica al hombre… háganle caso y salgan a trabajar, pónganle el pecho a la “pobreza” como lo hace el país que ustedes tienen sumido en la miseria. Asimismo, estas familias son vergonzantes porque, como lo define El diccionario de la Real Academia de la Lengua tiene (n) vergüenza. Aunque me gusta más la segunda acepción: Se dice regularmente de quien pide limosna con cierto disimulo o encubriéndose. Entonces además de ladrones y pendejos son limosneros…, y para rematar ¡pobres! Pobres de corazón. Mejor dicho unos pobres hijueputas. No es fácil que una palabra cumpla con dos acepciones a la vez, pero estas pobres familias lo hacen: además de sentir vergüenza por su condición piden limosna y se esconden detrás de los ajados rostros de ancianas que ocultan tras la cocina la desdicha de haber visto un solo pene en toda su vida. Entonces los pobres se esconden detrás de unas pobres viejas para robar comida que debería ir para los pobres de verdad. Señor Presidente, usted que todo lo puede, póngale freno a esto; y no se preocupe que a usted nunca le va a tocar colgarse de las enaguas de unas ancianas consumadas por la desdicha, repito, de haber visto un solo pene a lo largo de toda su vida. Usted tiene a Tomás y a Jerónimo, benditos muchachos inteligentes. Y no se le olvide que ya va acumulando la tercera pensión presidencial.
Mis más sinceros saludos a los pobres de verdad. Los invito a que salgan a robar a esas ancianas desocupadas y a que agarren por las bolas a los vergonzantes que les están quitando la comida que les pertenece. ¡Además los están sacando del negocio! Si ustedes se pusieran a dirigir bancos o entraran al Congreso, créanme que estos hijueputas no dudarían en quemarlos, como le hicieron al mejor humorista de nuestro país cuando exhibía los tres dientes que le dejó el bazuco y oraba en el Concejo de Bogotá. Saludos, concejal Lucho, te llevamos en nuestros corazones.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)