Después de varias elecciones en las que la oferta a la alcaldía fue más que atractiva, Bogotá no sabe si elegir a un narrador de fútbol, a un ex alcalde que ha puesto por encima a los ricos y a sus propios intereses, o a una cara nueva con poca experiencia y sin mucha habilidad en el debate, claro está, por desconocimiento de la ciudad.
Samuel Moreno no se ha sabido defender en ninguno de los debates; o mejor dicho no ha sabido defender sus propuestas, que en su mayoría parecen ser inviables. Ha dejado ver que no conoce a fondo el tejemaneje administrativo, ni mucho menos; en cambio contesta con afán y mira a la cámara, haciendo política, como si su cara bonita lo fuera a sacar del aprieto.
Su primer adversario, el señor Peñalosa, es un viejo zorro de la ciudad, conoce a fondo la maquinaria que mueve a Bogotá, y sus argumentaciones en los debates son casi irrefutables, no por buenas, ni más faltaba, sino porque pocos conocen a Bogotá tan bien como él mismo.
Peñalosa tiene simpatizantes universitarios, yuppies que se alegran de ver menos pobreza en sus barrios y una ciudad un poco más moderna (desde el carro y no entre el tumulto del Transmilenio). Con él simpatizan, también, quienes finalmente pudieron ver la inversión del dinero, así no estuvieran de acuerdo con gastarlo en bolardos y ciclorrutas inconclusas que obligan a los ciclistas a bajarse a las vías principales.
Pero Samuel también tiene seguidores en la clase alta, que se han sumado a su campaña con la nostalgia de ver en él a un Rojas Pinilla democrático. Y los pobres lo ven, como dice su propaganda, como el vecino, el amigo y, quizá, el alcalde.
Falta el voto vergonzante, que ya no da tanta pena y que ha tenido acogida en varios sectores de la sociedad, como los taxistas. William Vinasco, narrador de fútbol, ha subido drásticamente en las encuestas; sin embargo es difícil pensar que llegue a la Alcaldía de Bogotá. Eso sí, en las próximas elecciones para Concejo podrá salir elegido, y quién quita, perfilarse como congresista, como varios de sus amigos salidos de la farándula a la política.
Las caras nuevas no están tan preparadas como querríamos: un narrador de fútbol y un hombre que heredó simpatías, pero que no las ganó por mérito propio. La cara vieja no convence, porque lo que ya hizo no le gustó a mucha gente. Si ganan los primeros es “para que robe otro”, y si gana Peñalosa es “por que ese roba pero hace” ¿Es eso democracia?
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