Llevo
tiempo sin ganas de escribir, todo me parece igual de escandaloso: un ex
presidente paramilitar que se convierte en congresista y marcha contra la paz,
un procurador cuya pasión por cristo resulta miedosa y, confieso, que es tal
que jamás tocaría ni olería ninguno de los crucifijos de su casa. Tampoco me
asusta que Peñalosa maneje una ciudad como si fuera un videojuego, ni que Petro
hoy sea un héroe gracias a tanta estupidez acumulada de una derecha enferma. Ni
si quiera se me pararon los pelos cuando Clara López entró al Gobierno de
Santos… ¿Acaso les pareció extraño? Santos- López-Vargas…. ¿No es esa la
historia genealógica del poder en Colombia? Eso es cotidiano, indoloro,
circunstancial; ninguna de esas cosas vale una sola cana de este hombre que
está a punto de llegar a la edad de cristo, victorioso, sin cáncer ni sida ni
gonorrea ni sífilis. Sólo con una gastritis y reflujo crónicos y un trastorno
obsesivo compulsivo relativamente bien manejado. Pero hoy que me levanté y leí que los hermanos
Galán, hijos del aclamado y asesinado líder liberal que supuestamente cambiaría
el rumbo del país, recibieron 114.000 millones de pesos para desarrollar
Escuelas para la democracia, sentí contracciones casi de parto, dolor
testicular, reflujo. Entonces, me pregunté… ¿para qué sirven 114.000 millones
de pesos? Me puse a esculcar en internet y me encontré con varios presupuestos
departamentales, casi todos ilegibles como toda la información pública, pero me
detuve en el de la Guajira de 2014. Y, curiosamente, todo el presupuesto
destinado a educación en ese año suma 37.705 millones de pesos. Es decir, la
fundación de los hermanos Galán recibió tres veces más que el presupuesto que
en un año tiene todo un departamento para educar a nuestros niños. Bueno, nada
raro, su fundación está para enseñar democracia…. ¿no? Pues están haciendo bien
la tarea porque seguimos votando por ellos, y las famosas escuelas para la democracia
no han cambiado nada. Interrumpo, ¿acaso en los colegios no enseñan democracia?
Ah, es que todo lo público es malo y hay que venderlo en vez de fortalecerlo,
entonces démosle la plata a los privados para que ellos, en su puta infinita
sabiduría nos enseñen sobre democracia, aun cuando solo sepan cómo vivir de las
ideas de su papá. Y ellos, mamarrachos del poder, se gastan el presupuesto de
nuestros hijos que para educarse tienen que pagar cifras exorbitantes,
desmesuradas para un país pobre que tiene contadas universidades públicas (que
cobran sobre las declaraciones de renta) y que, además, financian universidades
privadas bajo rótulos como “ser pilo paga”.
Entonces,
a medida que escribo esto, me acuerdo que este es un país de escándalos y que
hace apenas unos meses se descubrió que una periodista recibió de la Fiscalía
General de la Nación 7.200 millones de pesos en contratos. Y hoy, después de
tanto bombo, pienso que a esa muchacha casi le acaban la carrera y el poco
apellido que le quedó por unos pocos pesos, unos peniques que si acaso le
alcanzaron para lencería, mientras estos delfines ascienden en el poder y,
además, se sienten ofendidos cuando se reportan sus contratos.
