domingo, mayo 22, 2016

Delfines Rosados

Llevo tiempo sin ganas de escribir, todo me parece igual de escandaloso: un ex presidente paramilitar que se convierte en congresista y marcha contra la paz, un procurador cuya pasión por cristo resulta miedosa y, confieso, que es tal que jamás tocaría ni olería ninguno de los crucifijos de su casa. Tampoco me asusta que Peñalosa maneje una ciudad como si fuera un videojuego, ni que Petro hoy sea un héroe gracias a tanta estupidez acumulada de una derecha enferma. Ni si quiera se me pararon los pelos cuando Clara López entró al Gobierno de Santos… ¿Acaso les pareció extraño? Santos- López-Vargas…. ¿No es esa la historia genealógica del poder en Colombia? Eso es cotidiano, indoloro, circunstancial; ninguna de esas cosas vale una sola cana de este hombre que está a punto de llegar a la edad de cristo, victorioso, sin cáncer ni sida ni gonorrea ni sífilis. Sólo con una gastritis y reflujo crónicos y un trastorno obsesivo compulsivo relativamente bien manejado.  Pero hoy que me levanté y leí que los hermanos Galán, hijos del aclamado y asesinado líder liberal que supuestamente cambiaría el rumbo del país, recibieron 114.000 millones de pesos para desarrollar Escuelas para la democracia, sentí contracciones casi de parto, dolor testicular, reflujo. Entonces, me pregunté… ¿para qué sirven 114.000 millones de pesos? Me puse a esculcar en internet y me encontré con varios presupuestos departamentales, casi todos ilegibles como toda la información pública, pero me detuve en el de la Guajira de 2014. Y, curiosamente, todo el presupuesto destinado a educación en ese año suma 37.705 millones de pesos. Es decir, la fundación de los hermanos Galán recibió tres veces más que el presupuesto que en un año tiene todo un departamento para educar a nuestros niños. Bueno, nada raro, su fundación está para enseñar democracia…. ¿no? Pues están haciendo bien la tarea porque seguimos votando por ellos, y las famosas escuelas para la democracia no han cambiado nada. Interrumpo, ¿acaso en los colegios no enseñan democracia? Ah, es que todo lo público es malo y hay que venderlo en vez de fortalecerlo, entonces démosle la plata a los privados para que ellos, en su puta infinita sabiduría nos enseñen sobre democracia, aun cuando solo sepan cómo vivir de las ideas de su papá. Y ellos, mamarrachos del poder, se gastan el presupuesto de nuestros hijos que para educarse tienen que pagar cifras exorbitantes, desmesuradas para un país pobre que tiene contadas universidades públicas (que cobran sobre las declaraciones de renta) y que, además, financian universidades privadas bajo rótulos como “ser pilo paga”.  


Entonces, a medida que escribo esto, me acuerdo que este es un país de escándalos y que hace apenas unos meses se descubrió que una periodista recibió de la Fiscalía General de la Nación 7.200 millones de pesos en contratos. Y hoy, después de tanto bombo, pienso que a esa muchacha casi le acaban la carrera y el poco apellido que le quedó por unos pocos pesos, unos peniques que si acaso le alcanzaron para lencería, mientras estos delfines ascienden en el poder y, además, se sienten ofendidos cuando se reportan sus contratos.

lunes, octubre 20, 2014

Internos a la orilla del río


Estas fotografías fueron tomadas un internado en Villa Victoria, Putumayo, a orillas del Río Guamuez. Son una muestra de la felicidad de la vida rural, así sea viviendo como internos. La vida es sencilla.

miércoles, octubre 15, 2014

Directores y dueños de medios, colegas periodistas y editores:


En mi casa se fundió la televisión, por lo que dejamos de ver los noticieros que ustedes, bajo presiones económicas y víctimas de su propia ignorancia disfrazada de autocensura, producen para amplificar a mil voces la misma información. Datos carentes de investigación, notas escritas de afán y entrevistas a los mismos personajes que no aportan nada útil son lo cotidiano, además de noticias sobre fantasmas, apariciones de la virgen y abducciones extraterrestres.

Apagué el televisor, pero no me libré de la sombra que ustedes, con sus inmensos tentáculos, llevan hasta los restaurantes, los talleres de mecánica, las cafeterías y otros sitios que frecuento. Ahora los miro con distancia, sabiendo que a través de ustedes no me informo ni aprendo nada nuevo, que sus consejos médicos en el noticiero del mediodía son como el acetaminofén de las EPS, que su información política es tan inútil como fría y predecible, llena de intereses económicos, posturas ideológicas retrógradas y explotación de la miseria humana. Una miseria que empieza por el salario de sus periodistas, que ganan menos que un taxista, una miseria que inicia desde la academia de periodismo donde se enseña a dar información en función del espacio y no de las fuentes, una academia que desplaza las clases de historia para reemplazarlas por talleres de photoshop, para maquillar esta inmunda realidad que no necesita disfraces.

La opción de elegir se llama apagar el televisor, porque nuestra libertad es optar por la cara del marrano lector de la noticia que, en definitiva, está escrita casi igual en todos los canales. ¿La razón? Porque se la compraron a la misma agencia de prensa o copiaron el mismo comunicado oficial, o quizá porque invitaron al mismo experto cuyo discurso lleva décadas inundando imaginarios de incautos y estúpidos que no se detienen a verse a sí mismos para notar que en su cotidianidad hay más noticias y realidad que en los viajes de la magistrada, en los millones que se robó la reina, en las tetas que se mandó poner la actriz y en lo mal polvo que resultó Luis Miguel.

Hoy los miro como una comedia, y me río a carcajadas del ébola. ¿de qué nos sirve toda esa información de mierda que publican a diario? ¿Acaso podemos hacer algo? ¿Van a repartir trajes de protección como acetaminofén en Saludcoop? En cambio ¿por qué no hablan de los muertos que suman las EPS negando servicios a enfermos de escasos recursos? ¿Alguno de ustedes se ha acercado a una familia que esté entre demandas y desacatos de esta tortura de sistema? No, ciegos, imbéciles, farsantes. Y cuando se acercan lo hacen con números, como si no se tratara de vidas humanas.


Siento como si la tecnología hubiera avanzado a zancadas y los periodistas hubieran retrocedido hasta su propio paleolítico. Hoy creo que cada día que pasa desde que se fundió mi televisor Sony 1985 soy menos bruto. 

martes, diciembre 03, 2013

Esa penosa enfermedad llamada optimismo


Somos un país idiota, paraco, narco y guerrillero. No tenemos cura porque la única opción para salir de la estupidez es el estudio de calidad, sin discriminación, manejado por científicos y no por sectas religiosas. Donde rezar sea una opción y no una obligación, donde el himno que se cante tenga ritmo de joropo y no de música importada. Y acá en Colombia nos dedicamos a construir edificios para llenarlos de cerebros vacíos que imparten cátedras incargados de presente y con pasados s tudio y acbros de autoayuda. rmedad, tampoco los ojos una democracia permeada de paramilitaútiles a niños sin futuro cuya pobreza mental alimenta la miseria de los municipios que habitan. Somos inmensurablemente pobres, y a esta carencia material y de conocimiento se suma la peor de las enfermedades, que se llama optimismo. Ese sentimiento que pretende que sobre los mares de desigualdad que habitamos, unos pocos podamos nadar con felicidad porque podemos comprarnos un celular, unas gafas bonitas o porque pasamos cinco años pagando un carro. Eso, amigos, no es felicidad, es estupidez. Por eso prefiero a los negativos, a los inconformes, a los intransigentes, a los que se llenan la boca de insultos para la puta cajera que nos mira con desdén, para el cabrón político que nos caga la cara robándonos, para el médico mediocre que nos receta acetaminofén, para el hijo de puta ladrón de Palacino, la rata de Gaviria, el payaso de Pastrana, el matón de Uribe, el guevón de Pacho Santos. Prefiero que sobre este optimismo inútil, medieval, precario, dogmático y conformista lluevan vulgaridades transformadoras que se materializan en protestas, gritos, letras, fotos. A volver mierda ese Congreso, a patearles las bolas a los engendros cuya esperma cuaja cucarachitas que se ganan sueldos onerosos en medio de kilos de mierda.  Sueño con castrar a media humanidad para así evitar que esta monarquía sucia disfrazada de democracia se reproduzca. No quiero ver a Tomás ni a Jerónimo Uribe en el Congreso, ni tampoco a los hijos de los Santos, ni a los Gaviria. El optimismo, esa penosa enfermedad que padecemos, nos mantiene pasivos ante ese desfile de descerebrados inútiles y egoístas. Nosotros, sus servidores, seguiremos acomodando esos pestilentes culos en el poder, para que nuestra miseria la aumenten con leyes insulsas que reglamentarán la educación infértil que reciben nuestros hijos. Odio sus sonrisas blanqueadas, su pelito de pendejos, sus corbaticas importadas. Los odio, multiplicadores de pobreza y exclusión.

sábado, junio 22, 2013

Ateo con moral cristiana y pasiones humanas



Nacemos inmersos en un complejo universo de símbolos que dan sentido a nuestra existencia. Nos inculcan una manera de interpretar los hechos que suceden a nuestro alrededor y, a partir de ellos vivimos el resto de nuestras vidas de manera incoherente, resentida, llevando a cuestas como un mal nuestra propia naturaleza, nuestra fuerza vital. Nos enseñan a cubrir nuestros penes y nuestras vaginas, como si se tratara maldiciones y no de fuentes de vida y placer.

Nacemos enfermos, con la moral encima y el instinto desbordado. Un instinto  contrario a los estamentos católicos escritos y promulgados sobre el comportamiento humano católicamente correcto:  prohibida la gula, la lujuria, el homosexualismo y la sodomía. Lo único que no está prohibido es prohibir, negar la naturaleza misma. Y somos, entonces, ateos formados dentro de un universo simbólico dominado por la lógica católica: nos masturbamos a escondidas, fornicamos en silencio, comemos en exceso con remordimiento y miramos los lindos cucos de la vecina sin que nadie lo note mientras en público nos vestimos de corbata y simulamos ser como otros creen que debemos ser.

Cuando tomamos consciencia de que queremos vivir alejados de esos comportamientos antinaturales, impuestos por pervertidos que pretenden negar que debajo de sus sotanas tienen penes y vaginas que huelen como los nuestros, estamos enfermos a causa de la dualidad entre las pulsiones y el establecimiento.

Mi hijo no será bautizado y podrá pedir que nadie lo moleste cuando desee masturbarse, de la misma manera que uno quiere comer sin tener que contestar el teléfono. No se tendrá que esconder para darle al instinto su cauce natural. Y, espero, descubrirá por sí mismo los límites entre lo íntimo y lo público. No creo que mi experimento pueda resultar peor que una institución milenaria cundida de violadores, pederastas, ladrones y asesinos. No necesito argumentos, la historia está de mi lado, y si no me crea lea un libro distinto a la biblia.


Mi hijo lo hará a través de la razón y no de la boca de católicos incoherentes que traicionan a sus mujeres a escondidas, desayunan niños y roban pobres. Mi hijo no conocerá a Dios de boca de nadie distinta a la mía, ni tampoco a Jehová, ni a Mahoma, ni a Buda, ni a ninguno de esos figurines que dan sentido a la vacía existencia de esta humanidad desgraciada, involucionada y pobre de ilusiones. Mi hijo vivirá la vida consciente de que el más allá es una ilusión y de que la vida la puede palpar. Así no sea nadie para la sociedad consumista, productiva, enferma de eficiencia y eficacia, será mejor que todos nosotros.

Curiosidad

Curiosidad by David Fayad Sanz
Curiosidad, a photo by David Fayad Sanz on Flickr.

sábado, junio 08, 2013

Nuevos Ricos


Hola, Ardila. ¿Cómo estás? Disculpa la desfachatez para hablarte, pero como ahora pertenecemos a la misma clase social me tomo el atrevimiento de tratarte por tu nombre. ¿Sabías, Ardila, que según el Banco Mundial los colombianos que ganamos dos millones  de pesos (1.000 dólares) al mes somos ricos, o mejor dicho millonarios? Sí, somos pocos los afortunados, entre los que nos contamos tú y yo. Creo que sólo nos divide la risible cifra de tres o cuatro billones de pesos, acciones en clubes, propiedades alrededor del mundo y algo esencial: principios, esos que los ricos en Colombia, usurpadores de tierra, asesinos, negociantes y explotadores que acumulan inmensas fortunas como la tuya no tienen. Tus trabajadores se ganan, como mucho, salarios mínimos miserables y tú acumulas, como hacen los ricos de billones, para darte la buena vida.

¿Sabías que algunos colombianos figuran entre los hombres más ricos del mundo? ¡Increíble! Claro, y es que el diez por ciento de los millonarios de verdad, como tú, se llevan más de la mitad del producto interno bruto del país. Normal, en eso consiste el capitalismo, en olvidar que afuera hay un país con cincuenta por ciento de pobreza, cinco millones de desplazados y cosas por el estilo a las cuales tu fortuna no podría aportar nada, creo yo. Es mejor acumular y gastar en carros lujosos que tus asquerosas nalgas infestan con pedos pútridos de jamones y quesos importados. Eso sí que vale la pena, amigo. Por cierto, ya que somos de la misma clase social ¿cuándo nos vemos en el club? Me gustaría que me prestes una platica para terminar de pagar el préstamo de Icetex que me sirvió para hacer una maestría en historia, cuyos intereses son bajitos, algo así como el uno por ciento mensual…. ¡Una ganga! Ahora multiplícalo por 12 meses que tiene el año, es decir, 12 por ciento anual. Eso significa que de los 30 millones que me prestaron, si los pagara en un año, el interés no sería sino el valor de un semestre, o un poco menos. Ahora multiplícalo por 5 años, que tardaré en pagarlo, y dime… ¿te parece mucho? creo que no. Es algo así como la mitad de lo que me prestaron, quince millones.  Y ese es el interés más bajito, que es para estudiar, para hacer un país mejor. El del carro es de uno y medio mensual, a cinco años también.

En fin, pendejadas que no nos conciernen a los de nuestra clase. Bueno, y yo como nuevo rico me iré de putas, morcilla y guaro y mañana veré con qué pago el arriendo. Creo que no me debo preocupar mucho, ya que estoy entre los más favorecidos.