domingo, junio 19, 2011

La decisión de morir

Resulta repugnante la sola idea de pensar que los humanos agonizantes deban solicitar permiso a un juez para dejar de sufrir. No sólo resulta indignante sino intrusiva y malévola la noción de que Dios es quien da la vida y sólo él puede arrebatarla; es justamente de ahí de donde nace este debate enfermo que no permite a los ateos y agnósticos acabar con su propia vida cuando el dolor así lo manda. Yo no pienso pedir permiso para morirme, señores jueces, lo declaro en público y si eso merece arresto enciérrenme, pero con las putas y los travestis que a mí los católicos me caen mal. Yo no pienso solicitarle a ningún abogado formado en Universidad religiosa una autorización autenticada para morir, si alguna vez llegara a necesitarla.

Y, mientras el Estado prohíbe a la gente abandonar este mundo por decisión propia, sus funcionarios se roban el dinero de los medicamentos de los pobres para acabar sus vidas, pero causando un extremo sufrimiento: en mi cabeza resulta aberrante esa idea de justicia, de salud, de existencia. ¿Acaso la vida no es nuestra, de cada uno de nosotros y por eso podemos vivirla como nos plazca? ¿Y si la muerte es parte de la vida por qué no podemos decidir cómo irnos? ¿ustedes piden permiso para irse de las fiestas? ¿quién está más capacitado que yo mismo para saber cuándo la fiesta se puso aburrida? ¿Sólo Dios? ¿a él alguien lo vio en la fiesta? ¡Ah! Es que me olvidaba de que la vida no es una fiesta, acá venimos es a sufrir, porque el goce está prohibido en vida, sobre todo para los pobres; lo verán pero allá lejos, en el paraíso, ese que nadie ha visitado tampoco.

La iglesia, además de hacer la existencia infeliz, tiene que entristecer y hacer dolorosa la partida, porque si no ¿de qué se trata todo esto? ¿de comer bien, de ir de fiesta, de hacer el amor, de tener amigos? Todas esas ideas de sufrimiento y agonía se gestan en una mentalidad católica que penetra el Estado bajo sus formas de predicación tradicional, en las que se invoca a Dios mediante la boca de los mandatarios que, de manera colectiva y por televisión, piden que por mandato divino deje de llover, que el Sida se acabe, que el cáncer se extinga, que la izquierda se esfume, que los ateos se conviertan, que los homosexuales se enderecen, que las prostitutas dejen de ejercer, que los travestis de se dejen de maquillar. Y el mundo sigue andando y Dios y los ángeles a lo lejos ríen a carcajadas de nosotros los ateos, por hacer caso a los curas y a las monjas sobre cómo vivir.

Todavía no me explico por qué los curas opinan y saben de todo: ellos que nunca han criado le dicen a los padres cómo educar a sus hijos. Ellos que jamás han besado mujer alguna ni han vivido los cambios anímicos de ellas dicen al hombre cómo ser paciente. Ellos, los mismos sabihondos, dicen a las mujeres cómo sonreír y soportar los fétidos pedos de sus maridos. Ellos, que todo lo saben, abren sus inmensas bocas para decirle al mundo cómo vivir, mientras bajo sus sotanas se masturban a ambas manos, deseando a mis hijos y mi vida y a mi mujer. Pues les aviso de una vez por todas que a mis hijos lo educo yo, mi muerte la planeo yo. Y, a mi esposa, me la tiro yo. ¡Salud!

martes, junio 14, 2011

Los Ahogados

Tantos rostros, y apenas unos pocos sobresalen. Se asoman entre la multitud para dejar entrever las fealdades que guardan sus egos; hieden entre la muchedumbre putrefacta que han infestado de desgracias y no dejarán de heder por más channel que apliquen en sus cueros ajados y retorcidos. Las cárceles retumban a lo lejos, tristes de albergar millares de matoncitos de poca monta mientras los causantes de las avenidas de lágrimas que interconectan este país en ruinas sobrevuelan la mar de mierda sobre la que quedaron sumergidos los pobres y los campesinos, se regocijan galopando sus blacjoc y sus yet para ver con ojo entusiasta las desgracias de la naturaleza: el país inundado, y ellos pensando en tasajar las reses que se pudren para alimentar a los niños colombianos, para ofrecerles por primera vez carne a cambio de bienestarina, porque la última se la comieron los cerdos de verdad, los mamíferos ungulados cuyos buenos modales han sido confundidos con la forma de existir de esta petulante raza humana. Es irónico que alimenten a los cerdos mientras los que los engullirían mueren de hambre. El capitalismo cobra vida propia y olvida que sin compradores no hay negocio; la maximización de la riqueza sólo amplía el ego del capitalista hasta que las revueltas de la injusticia se hagan inminentes. Y cuando digo capitalista no hablo de usted, ciudadano de a pie ¿o acaso usted tiene algún capital? ¿Cree que tres serruchos son un capital? ¿se cree empresario porque le dieron un papel que lo acredita, así no tenga sede ni empleados? Por eso tanto pendejo se llama empresario en este país, es una forma de enaltecer el ego de ciudadano que sueña con ser el actor que sobrevuela las desgracias y señala los puntos críticos de la mierda, reconociéndola a kilómetros de distancia como si se tratara de alguno de sus hijos, o de la propia esposa fecunda que almacena en sus odres millares de óvulos que aguardan hambrientos la llegada de la mierda.