domingo, octubre 01, 2006

Declaro públicamente que no quiero ser colombiano

Declaro públicamente que no quiero ser colombiano


Colombia, me harté de esta mierda, y he de decirlo con estas palabras, pues en este caso las considero adecuadas. Colombia, tu guerra me sabe a mierda, y te pregunto: ¿a cuento de qué esta parranda de hijueputas vinieron a creerse que unos eran liberales y otros conservadores?, y se mataban a machete, siendo que eran de la misma índole y de la misma ralea. Paridos del mismo vientre, el tuyo, Colombia, ¿por qué se creyeron diferentes?

Declaro públicamente que no quiero ser colombiano; me hastié de que en todos los aeropuertos del mundo prácticamente me metan el dedo en el culo para verificar si llevo perico, heroína y cuanta puta sustancia se produce en estas tierras tan hermosas “tan fértiles” como dicen esos hijueputas políticos ¡que también tú pariste! y siguen con el mierdero ese del conservadurismo y el liberalismo.

Ahora, para rematar, se suben al bus un par de hampones con revolver en mano, y con ese lindo cantadito que entre los españoles y tú le dejaron a los antioqueños, y cual digno ayudante de buseta pasan de puesto en puesto recogiendo la poca platica que se ha ganado decentemente en este país... Porque la plata de los ricos viaja en carro, y esa es la plata cochina.

Colombia, me sabes a mierda (pareciese por la estructura anafórica que esto tiene una intención poética) no sólo por estar llena de ratas y asesinos a sueldo, sino por tener dos océanos, de los cuales sólo conozco uno, por albergar en tus inmensas selvas trescientas y pico de especies de aves que, obviamente, tampoco conozco ni quiero conocer, porque donde arrime por allá me cae el hijueputa monojojoi con metralleta en mano y me anexa a las filas de la guerrrilla; o de pronto me pica una serpiente, y ¡corra pa el centro de salud! De todas maneras me muero, porque si el pueblo no se lo ha tomado la delincuencia, lo tienen destruido los políticos, y no va a haber suero antiofídico. Bueno, quizá se les ocurre trasladarme de hospital, pero vaya y sea que la ambulancia no prende porque no tiene gasolina, ahí sí me lleva la pelona.

Colombia, gracias por haberme acogido en tu vientre, porque parece ser, entonces, que soy de igual calaña a la parranda de hijueputas que con ahínco y pasión desmesurada, acabo de enumerar. Sin embargo me rehúso a creerme igual que todas estas gonorreas, y por ende voy a mandar esta cartita a todas las embajadas del mundo, a ver si por allá me reciben, quién quita que me manden un pasaporte por correo, y me vuelva de mejor familia, y cuando arrime por acá los mire a todos por encima de hombro, ratas hijueputas.