Si usted es colombiano y le gusta estar enterado de lo que sucede en este país, tenga en cuenta las siguientes instrucciones: No lea el periódico, léase bien, no lea el periódico. Es preferible que prenda el televisor y vea el noticiero que presenta Jorge Barón, visionario de este medio de comunicación en Colombia. Pero, si ya incurrió en el error de leer un periódico, no escatime en buscar, así sea por Internet, quién es el dueño, no vaya y sea, citemos un ejemplo hipotético, que el vicepresidente de la República sea el dueño.
De todas maneras, si ya lo leyó y su coeficiente intelectual es del promedio de los demás colombianos, es normal que no entienda nada. Los periódicos están hechos para confundir a la gente.
En lo posible aléjese de esa radio que escuchan las amas de casa y los yupis de este país que se llama la W. Y, si se deja seducir por la voz de Julito, corra a la ducha y échese agua fría. Así han embaucado a más de uno que cree que este país es la putería, que ocupamos el segundo puesto de felicidad, léase bien, segundo puesto de felicidad en el mundo.
Trate, en lo posible, de alejarse del televisor hacia la hora en que D’artagnan presenta su programa de entrevistas; es posible que quede tarado luego de ver por tanto tiempo a un tipo que pregunta cinco veces lo mismo, y que tiene una seria dificultad para cocinar y hablar al mismo tiempo.
Evite las fuentes oficiales en su totalidad: Entiéndase el Dane, los ministerios y Presidencia, entre otros. Para éstos no hay desempleo, corrupción ni desplazamiento.
En cambio puede afinar el oído, no sea que se le escape una manifestación contra el gobierno que no pasan por televisión. Dese una vuelta por el barrio ciudad Bolívar para ver que la pobreza en este país abunda. No se acerque por el parque de la 93, que es lo que le muestran a todos lo extranjeros para que piensen que Colombia es lo mejor.
Aprenda inglés, no vaya y sea que se quede analfabeto como yo. Si no lo hace es posible que termine de celador, porque hasta los taxistas necesitan de esta lengua para subsistir (que no se confunda vivir con subsistir). Aprender inglés no es sólo para empresarios, es una necesidad para cualquiera que viva en Colombia. Por ejemplo, si usted no sabe la lengua del mercadeo puede confundir un sex shop con un pet shop y salir del almacén con un vibrador para perros.
Más bien recurra a los medios pequeños o alternativos, entiéndase grafitties, radios locales y periódicos de estudiantes. Hable con la gente, que todo el mundo tiene algo importante que decir.
Así podrá no consagrarse como el hombre más enterado del mundo, pero quizá viva menos confundido de lo que actualmente está.
sábado, noviembre 18, 2006
jueves, noviembre 16, 2006
Sucede que me canso de ser hombre
Me cansé de la política, del periodismo, de la música… Ese sonsonete que denominan reguetón está acabando con mis oídos. La palabrería del congreso está matando mi imaginación, las columnas de Poncho Rentería matan mi dignidad, y la del oficio periodístico. Me cansé del reinado de belleza, derroche de dinero en un país pobre que atrofia el concepto de lo bello. Me cansé de la democracia, que nunca me ha representado. Me cansé de leer a Florence Thomas, que cree que todos los colombianos andamos en taparrabo dándole en la jeta a nuestras mujeres. Me cansé del cine pirotécnico que se inventaron los gringos. Me cansé de ver tetas por televisión. Me cansé de lo bello, de lo feo, de lo bueno. Odio el fútbol a más no poder. Y ni qué decir del deporte que llaman golf: adultos con pantalonetitas cortas blandiendo figuras fálicas, acompañados de otros adultos de su mismo género. Me cansé de la música que no dice nada, porque nadie la toca, de los realities, porque son una mentira. Me cansé de decir blanco cuando lo veo negro, de escribir esto cuando pienso aquello. No quiero tener cálculos renales. Me cansé de este siglo, que está peor que el anterior.
domingo, octubre 01, 2006
Declaro públicamente que no quiero ser colombiano
Declaro públicamente que no quiero ser colombiano
Colombia, me harté de esta mierda, y he de decirlo con estas palabras, pues en este caso las considero adecuadas. Colombia, tu guerra me sabe a mierda, y te pregunto: ¿a cuento de qué esta parranda de hijueputas vinieron a creerse que unos eran liberales y otros conservadores?, y se mataban a machete, siendo que eran de la misma índole y de la misma ralea. Paridos del mismo vientre, el tuyo, Colombia, ¿por qué se creyeron diferentes?
Declaro públicamente que no quiero ser colombiano; me hastié de que en todos los aeropuertos del mundo prácticamente me metan el dedo en el culo para verificar si llevo perico, heroína y cuanta puta sustancia se produce en estas tierras tan hermosas “tan fértiles” como dicen esos hijueputas políticos ¡que también tú pariste! y siguen con el mierdero ese del conservadurismo y el liberalismo.
Ahora, para rematar, se suben al bus un par de hampones con revolver en mano, y con ese lindo cantadito que entre los españoles y tú le dejaron a los antioqueños, y cual digno ayudante de buseta pasan de puesto en puesto recogiendo la poca platica que se ha ganado decentemente en este país... Porque la plata de los ricos viaja en carro, y esa es la plata cochina.
Colombia, me sabes a mierda (pareciese por la estructura anafórica que esto tiene una intención poética) no sólo por estar llena de ratas y asesinos a sueldo, sino por tener dos océanos, de los cuales sólo conozco uno, por albergar en tus inmensas selvas trescientas y pico de especies de aves que, obviamente, tampoco conozco ni quiero conocer, porque donde arrime por allá me cae el hijueputa monojojoi con metralleta en mano y me anexa a las filas de la guerrrilla; o de pronto me pica una serpiente, y ¡corra pa el centro de salud! De todas maneras me muero, porque si el pueblo no se lo ha tomado la delincuencia, lo tienen destruido los políticos, y no va a haber suero antiofídico. Bueno, quizá se les ocurre trasladarme de hospital, pero vaya y sea que la ambulancia no prende porque no tiene gasolina, ahí sí me lleva la pelona.
Colombia, gracias por haberme acogido en tu vientre, porque parece ser, entonces, que soy de igual calaña a la parranda de hijueputas que con ahínco y pasión desmesurada, acabo de enumerar. Sin embargo me rehúso a creerme igual que todas estas gonorreas, y por ende voy a mandar esta cartita a todas las embajadas del mundo, a ver si por allá me reciben, quién quita que me manden un pasaporte por correo, y me vuelva de mejor familia, y cuando arrime por acá los mire a todos por encima de hombro, ratas hijueputas.
Colombia, me harté de esta mierda, y he de decirlo con estas palabras, pues en este caso las considero adecuadas. Colombia, tu guerra me sabe a mierda, y te pregunto: ¿a cuento de qué esta parranda de hijueputas vinieron a creerse que unos eran liberales y otros conservadores?, y se mataban a machete, siendo que eran de la misma índole y de la misma ralea. Paridos del mismo vientre, el tuyo, Colombia, ¿por qué se creyeron diferentes?
Declaro públicamente que no quiero ser colombiano; me hastié de que en todos los aeropuertos del mundo prácticamente me metan el dedo en el culo para verificar si llevo perico, heroína y cuanta puta sustancia se produce en estas tierras tan hermosas “tan fértiles” como dicen esos hijueputas políticos ¡que también tú pariste! y siguen con el mierdero ese del conservadurismo y el liberalismo.
Ahora, para rematar, se suben al bus un par de hampones con revolver en mano, y con ese lindo cantadito que entre los españoles y tú le dejaron a los antioqueños, y cual digno ayudante de buseta pasan de puesto en puesto recogiendo la poca platica que se ha ganado decentemente en este país... Porque la plata de los ricos viaja en carro, y esa es la plata cochina.
Colombia, me sabes a mierda (pareciese por la estructura anafórica que esto tiene una intención poética) no sólo por estar llena de ratas y asesinos a sueldo, sino por tener dos océanos, de los cuales sólo conozco uno, por albergar en tus inmensas selvas trescientas y pico de especies de aves que, obviamente, tampoco conozco ni quiero conocer, porque donde arrime por allá me cae el hijueputa monojojoi con metralleta en mano y me anexa a las filas de la guerrrilla; o de pronto me pica una serpiente, y ¡corra pa el centro de salud! De todas maneras me muero, porque si el pueblo no se lo ha tomado la delincuencia, lo tienen destruido los políticos, y no va a haber suero antiofídico. Bueno, quizá se les ocurre trasladarme de hospital, pero vaya y sea que la ambulancia no prende porque no tiene gasolina, ahí sí me lleva la pelona.
Colombia, gracias por haberme acogido en tu vientre, porque parece ser, entonces, que soy de igual calaña a la parranda de hijueputas que con ahínco y pasión desmesurada, acabo de enumerar. Sin embargo me rehúso a creerme igual que todas estas gonorreas, y por ende voy a mandar esta cartita a todas las embajadas del mundo, a ver si por allá me reciben, quién quita que me manden un pasaporte por correo, y me vuelva de mejor familia, y cuando arrime por acá los mire a todos por encima de hombro, ratas hijueputas.
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