miércoles, junio 20, 2012

La política distractora


Aquello que fue concebido como un ejercicio de deliberación para la búsqueda del bien común es hoy un distractor de los elementos fundamentales que estructuran a las sociedades. La política es una enfermedad televisada que no dice nada duradero, mientras que la novela todavía dice algo; no sé por cuánto tiempo, pero aún lo hace.
Y esa diferencia entre política y pensamiento se manifiesta abiertamente en los móviles que conducen sus ideas, encontramos una  amplia brecha entre el periodismo, que registra los aspectos políticos, y la literatura o la historia, que indagan en las motivaciones y estructuras que rigen las vidas de los hombres.
Digo hombres y no hombres y mujeres porque creo que somos la misma especie y que no construiremos sociedades mejores nombrando las cosas dos veces y agregando una letra al final de cada palabra para incluir a las minorías. Porque de ser así, cuando nos dirijamos a un público y queramos ser políticamente correctos deberemos decir: Damas y caballeros, rameros y rameras, asexuados y asexuadas, maricos y  maricas, putos y putas, distinguidos y distinguidas. Y faltarían otras tantas minorías por sumar para así involucrar al total de nuestra sociedad. Estas preocupaciones de forma son las preguntas de la academia y del periodismo, del activismo político, de las ONG y, a través de los debates que suscitan sus imbecilidades, vemos cómo la materia gris de los hombres encamina sus energías a resolver problemas tontos, sin fondo y sin solución. La novela y la poesía, para bien del lector, no se preocupan por esas nimiedades y por lo tanto mantienen algo de estética, así tampoco solucionen mucho.
Por eso cuando el periodista se llama a sí mismo literato yo me enrosco, porque me entristece pensar que nuestros reporteros mal hablados y sin mínimos conocimientos sobre sus propias sociedades se crean literatos, o mejor dicho, escritores. Tampoco defiendo a los literaticos de academia, a esos que leyeron obligados y a quienes les dieron costosos cartones inservibles como prueba fehaciente de su desconocimiento del mundo; me refiero a los que se formaron leyendo y escribiendo con ira, pasión, disgusto o cualquier otra emoción visceral que los hace, realmente, merecedores al título de escritores.
 La política sirve para entretener a los ociosos, porque ha demostrado su incapacidad para regir el destino de los hombres bajo sistemas igualitarios. La efectividad de las leyes que se proclaman en nuestras instituciones democráticas son como el dinero de la cooperación internacional: se queda en el camino. Lo sustancial, aquello que nos incumbe a todos, se disfraza bajo debates de odio, basados en ideologías enfermas derivadas de instituciones religiosas. Así, el derecho a la igualdad se pierde entre el debate homosexual, la legalización de las drogas, las minorías étnicas y otros tantos disfraces que fragmentan la sociedad para aparentarla incluyente.  
Hoy equiparamos los debates de ideas con las conversaciones de té que entablan reinas de belleza en los noticieros de televisión sobre si tal o cual culo es real u operado. Acto seguido sale un secuestrado, que antecede al de mañana, y al de pasadomañana, como si se tratara de una novela predecible y mal escrita cuyos protagonistas siempre visten de corbata y jamás visitan una cárcel. 

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