Cuando nació el General, famoso cantante de El Meneito, pensé que ya todo estaba perdido. Pero, unos años después vino el merengue house, encabezado por Proyecto Uno. Ahí sí dije apague y vámonos. De ese ismo nacieron famosas estrellas como Sandy y Papo, quienes durante años pensé que era uno solo: Sandy Papo, así como Ortega y Gasset o como el Viejo y el Mar. Me enteré de que eran dos el día que Sandy murió en un accidente de transito y dejó a Papo solo disfrutando de la fama.
Sin mencionar increíbles estrellas fugaces como Big Boy, los intérpretes del gran hit Mayonesa o Aserejé, que a pesar de su fugacidad marcaron historia, es importante citar esa frase de cajón que ya huele a viejo, a moho: todo tiempo pasado fue mejor. Cuando llegó el trance ahí sí pensé que todo estaba perdido ¿Música que nadie la toca? ¿Música que nadie la canta? ¿música que se baila como si fuéramos simios? Sin embargo, a su paso le salió el reguetón, como género altruista y simbólico que apela a la felicidad mediante la exhibición de mujeres semidesnudas que contonean las caderas y extienden los labios simulando una felación.
Cuando escuché el meneito extrañé la lambada, cuando escuhé el merengue house extrañé el meneito, cuando nació Big Boy extrañé el merengue house, cuando nació la música electrónica me sentí morir, hasta que la patria la salvó el reguetón. Entonces, ¿por qué no retomar esos ritmos que tan felices nos hicieron en las navidades? Buñuelo iba y buñuelo venía, natilla en la cara de la tía, los abuelos hacían el paso egipcio de el meneito, la lambada la bailaban los niños y las tías, sin pena de dejar entrever uno que otro gordito.
Así pues, retomemos nuestro folclor, esas que alguna vez parecían abominaciones pero que, en contraste con lo que ahora tenemos que oír, caen al oído mejor que la novena sinfonía de Beethoven.
Nota: Aclaro que el folclor que debería estar en nuestras raíces, el que de verdad nos pertenece, (música llanera, gaitas) está más perdido que la Atlántida. Lo que acabo de mencionar ni siquiera alcanza el calificativo de folclor. Lo aclaro por si algún lector metódico se siente ofendido.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario