sábado, junio 22, 2013

Ateo con moral cristiana y pasiones humanas



Nacemos inmersos en un complejo universo de símbolos que dan sentido a nuestra existencia. Nos inculcan una manera de interpretar los hechos que suceden a nuestro alrededor y, a partir de ellos vivimos el resto de nuestras vidas de manera incoherente, resentida, llevando a cuestas como un mal nuestra propia naturaleza, nuestra fuerza vital. Nos enseñan a cubrir nuestros penes y nuestras vaginas, como si se tratara maldiciones y no de fuentes de vida y placer.

Nacemos enfermos, con la moral encima y el instinto desbordado. Un instinto  contrario a los estamentos católicos escritos y promulgados sobre el comportamiento humano católicamente correcto:  prohibida la gula, la lujuria, el homosexualismo y la sodomía. Lo único que no está prohibido es prohibir, negar la naturaleza misma. Y somos, entonces, ateos formados dentro de un universo simbólico dominado por la lógica católica: nos masturbamos a escondidas, fornicamos en silencio, comemos en exceso con remordimiento y miramos los lindos cucos de la vecina sin que nadie lo note mientras en público nos vestimos de corbata y simulamos ser como otros creen que debemos ser.

Cuando tomamos consciencia de que queremos vivir alejados de esos comportamientos antinaturales, impuestos por pervertidos que pretenden negar que debajo de sus sotanas tienen penes y vaginas que huelen como los nuestros, estamos enfermos a causa de la dualidad entre las pulsiones y el establecimiento.

Mi hijo no será bautizado y podrá pedir que nadie lo moleste cuando desee masturbarse, de la misma manera que uno quiere comer sin tener que contestar el teléfono. No se tendrá que esconder para darle al instinto su cauce natural. Y, espero, descubrirá por sí mismo los límites entre lo íntimo y lo público. No creo que mi experimento pueda resultar peor que una institución milenaria cundida de violadores, pederastas, ladrones y asesinos. No necesito argumentos, la historia está de mi lado, y si no me crea lea un libro distinto a la biblia.


Mi hijo lo hará a través de la razón y no de la boca de católicos incoherentes que traicionan a sus mujeres a escondidas, desayunan niños y roban pobres. Mi hijo no conocerá a Dios de boca de nadie distinta a la mía, ni tampoco a Jehová, ni a Mahoma, ni a Buda, ni a ninguno de esos figurines que dan sentido a la vacía existencia de esta humanidad desgraciada, involucionada y pobre de ilusiones. Mi hijo vivirá la vida consciente de que el más allá es una ilusión y de que la vida la puede palpar. Así no sea nadie para la sociedad consumista, productiva, enferma de eficiencia y eficacia, será mejor que todos nosotros.

2 comentarios:

Luis Alfonso Fayad otero dijo...

Valedera tu opinión y concepto al respecto; sin embargo con el debido respeto, la frase: "darle al instinto su cause natural"; debe ser: CAUCE y no "cause". NO es crítica, es una observación a tener en cuenta.

Unknown dijo...

gracias!!!