No sé si el Presidente Santos se
convirtió en periodista de la revista Soho y ahora decide vivir grandes
aventuras, como pasar la noche en una casa de interés social para aparecer en
los periódicos.
Soho es una revista colombiana en
la que la imaginación de los editores sólo da para poner a sus periodistas a
vivir un día como alguien más, ojalá pobres o putas, para llamar la atención
del público. Y Santos es el Presidente de Colombia que decidió regalar cien mil
casas a los más pobres justo antes de terminar su periodo presidencial e
iniciar su campaña para la reelección. Además, es accionista del periódico más
leído en el país, para el cual posó en calzoncillos después de pasar una noche
de pobre, estrenando una de las casas que regaló. Ahí está, sentado, leyendo el
diario local, bien maquillado, bien peinado, como se levantan los pobres.
Durmió solo, al parecer, y pasó una buena noche, como es de esperarse, porque
la siguiente estará en un hotel de cinco estrellas, o en la casa presidencial.
Y es que jugar a ser pobre es muy fácil y puede resultar más una aventura que
ofende a los pobres que un acto de solidaridad. Es como decirle a alguien que
es tan exótico que vale la pena ser como él un día, pero sólo uno porque dos ya
es muy verraco.
Y, no es que esté mal regalar
cien mil casas, ojalá fueran un millón, o una para cada colombiano pobre;
prefiero que la plata de los impuestos vaya a para en casas para los menos
favorecidos (que a este paso somos casi todos los colombianos) a que se la
guarden en los bolsillos pensionados del Estado que trabajaron apenas un mes.
El problema, Presidente en calzoncillos, periodista de Soho, es que el meollo
de este país es estructural y aunque cien mil casas suenan bien y le arreglan
la vida a cientos de miles de familias, por fuera de esos beneficiados hay millones
de ancianos en la indigencia, millones de colombianos rogando por un sistema de
salud humano y eficiente, clamando porque Colpensiones les pague una pensión
que se ganaron pero que, según ellos, aún no pueden pagar porque el Seguro
Social no les entrega la información . El problema es que el Preisidente de
Colpensiones se gana alrededor de 400 millones al año y que el salario mínimo
llega apenas a los 6 millones anuales. El problema es que la educación es
costosa y está acaparada en el nivel universitario por sectas religiosas como
el opus dei, los eudistas, los jesuitas, los tomasinos y no sé qué más
congregaciones. Y, la educación gratuita es “puro ladrillo” porque de
conocimiento poco. El problema, Presidente, es que sus intenciones parecen
buenas pero, al igual que todos los que se dedican a hacer campaña mientras
gobiernan, es que se enfoca en lo mediático y olvida lo estructural. El
problema, presidente, es que sus calzoncillos son de seda y los del pueblo de
lona.
2 comentarios:
Pero tocayo ud. como que le ha perdido la admiración al presi!
Vale la pena anotar que durante su último misnisterio los Santos vendieron el gran volumen de acciones de EL TIEMPO, dejando solo un mínimo porcentaje; pues como se había hecho un gran esfuerzo económico con City TV, había que desenhuesarse de las noticias impresas.
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