Todos los heterosexuales que
apoyan el matrimonio homosexual inician la defensa de la iniciativa diciendo: “yo no soy
gay, pero defiendo el matrimonio homosexual”. Es como si hubiera que
disculparse, o como si significara un hecho vergonzoso, incluso para los que
nos consideramos de avanzada en el tema, y antes que nada debiéramos sentar
nuestra hombría o nuestra feminidad, resaltando esa división de roles basada en
los genitales. Confieso que yo también he comenzado mis frases de respaldo a la
comunidad LGBTI diciendo “no soy gay pero…” Y me avergüenzo de ello. Si de
verdad tuviéramos una postura abierta y solidaria con respecto al tema no
empezaríamos disculpándonos, ni resaltando de manera sutil por dónde entra
nuestro falo cuando deseamos obtener placer de él.
Y hoy, que veo cómo un país laico
prohíbe a parejas del mismo sexo unirse en matrimonio, me avergüenzo de no
haber votado en las elecciones pasadas a Congreso. Hoy, que soy padre, y que no
sé de qué manera disfrutará mi hijo su sexualidad, me siento apenado con él y
con sus amigos (muchos de los cuales seguramente serán gay), por haber dejado
que allá, donde deberíamos estar representados los colombianos ateos,
agnósticos, pro gay, pro sexo excremental, pro libertad, pro placer, pro
eutanasia; vemos cómo fósiles que fueron traídos por la cigüeña y cuyos hijos seguramente
fueron creados por sus jardineros en un maravilloso éxtasis de placer, hablan
por nosotros. Les digo, sin lavarme las manos y sentando un precedente por si
el día de mañana mi hijo lee lo que escribo, que no creo que un Estado que
prohíbe a la gente el placer y la libre unión por la manera en la que disfruta
debajo de las sábanas, merezca respeto alguno por sus instituciones. Creo que
este Estado creado por las mayorías para arrasar las minorías no es, ni mucho
menos, democrático. Es arcaico, anacrónico, de paracos, curas, mafiosos e
hijueputas.
Esas instituciones que demandan
el respeto de los colombianos tienen unas bases feudales de poder que
representan a los terratenientes y asesinos que basan su hombría en sus penes.
Y se aliaron la iglesia, el procurador y los conservadores de antaño cuyas
erecciones no se sostienen ni con kilos de viagra introducidos en supositorios
anales, para decirle a la gente cómo gozar, si por delante o por detrás, si con
hombre o con mujer. Los satanizan porque en un polvo gozan más de lo que ellos,
ungidos entre sus biblias, han gozado con sus frígidas y católicas esposas. Aíslan
a los homosexuales para sacarlos de su sistema perfecto de caras bonitas, de
penes y vaginas, de pensiones miserables, de salud imposible, de curas
violadores, de inquisidores modernos.
Algunos de los que defienden la
unión heterosexual como única manera posible de compartir en pareja,
representantes de Dios en la tierra, atormentados están porque muchos de ellos
sólo disfrutan con niños, y legislar eso sería vergonzoso después de tanto
escándalo: es mejor seguir haciéndolo en silencio y usando a sus esposas como
fachada. En silencio este pueblo ha visto pasar asesinatos, masacres, torturas.
En silencio nos atropellan con un sistema de salud deficiente, con una
vergonzosa concentración de la tierra, con salarios mínimos miserables. Y se
les llena la boca hablando de prosperidad. Mi muy respetado amigo marica, lo digo con cariño,
usted verá si la próxima vez sale a votar. Yo saldré, y no lo haré por usted,
sino por mí, que mañana podré resultar excluido de esta sociedad perfecta
regida por penes fláccidos, viejas frígidas y devoradores de niños.
Nota: en mi casa el coco antes
vestía de cura, hoy viste de congresista con sotana.
1 comentario:
Excelente artículo. Creo que la doble moral, desafortunadamente seguirá existiendo...
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