viernes, noviembre 25, 2011

La legendaria práctica de erigir muros

¿De qué se asombran mis ex compañeros de la Universidad de la Sabana, si es que alguno está extrañado? ¿del muro que levantó San Obdulio para aislar su claustro del resto del mundo? ¿de las supuestas irregularidades en los permisos, si es que los hay? Las plegarias al santo Josemaria Escrivá de Balaguer no fueron suficientes para que las lluvias pararan de causar estragos en las aulas.
La universidad se inundó la pasada ola invernal, y los alumnos de entonces que pagaban entre siete y ocho millones de pesos semestrales por recibir el conocimiento casi divino que mana de las bocas de los docentes tuvieron que acomodarse a los salones de los colegios de los alrededores. Lo hicieron de manera solidaria y expresaron por las redes sociales su descontento y tristeza; es que apoyar causas desde el computador es sumamente fácil; esa es la solidaridad del reciente siglo. No imagino cuántos celebraron la cancelación de algunas clases con aguardiente, vallenatos y voladores. Hasta yo lo hubiera hecho.
Pero como la lluvia volvería y Dios no hizo nada, la mano del hombre erigió muros para resguardarse de los horrores del exterior. Y la Universidad quedó a salvo mientras los alrededores sufrieron los rezagos de la construcción, que agravó las inundaciones. El agua que naturalmente debía reposar en la universidad, por ser parte de un humedal según dicen algunos expertos, fue a parar en las fincas vecinas, en las vías de acceso al municipio de Chía y quién sabe dónde más. Eso sí, las sotanas y los cuadros del santo Escrivá se mantuvieron secas mediante la legendaria práctica católica de erigir muros.
Pero ninguno de los que se entristecieron cuando vieron la Universidad de la Sabana hundida en el agua el año pasado ha expresado ni un solo gemido de tristeza por el crimen que implica haber construido sobre un humedal. Yo sí manifiesto la tristeza que me produce, y la culpa, haber disfrutado de esas instalaciones en medio de mi ignorancia, sin saber que mi disfrute y goce implicaba que muchas especies sufrieran a causa de “la obra”.
Pero, la verdad, no me asombra la respuesta de la Universidad. Sin conocer a fondo el proceso pienso que erigir muros es sólo un paliativo que desplaza el problema, característica común del credo católico que ante las verdades construye muros invisibles y se oculta detrás de su mojigatería. Es, simplemente, la antigua práctica de aislarse; si no que lo digan los curas que viven en sus fortalezas, o las monjas que se pasean entre los corredores de los monasterios pidiendo a Dios que los salve de la tentación de fornicar.

No hay comentarios.: