sábado, julio 03, 2010

Sobre la intelectualidad

Los intelectuales me aburren, son sosos, amargados, infértiles de humor, áridos. Desbordados ellos en su afán de razonar lo irracional rozan los límites del absurdo y se encierran en ese espacio improductivo que los psicoanalistas llaman el yo. Tampoco me gustan los poetas de este siglo, no tanto por ellos sino por ese afán desmedido de parecerse a lo que no fueron porque nacieron doscientos años después que sus ídolos, y los parieron entre ruidos de carros, discursos de Bush y mundiales de fútbol. Digámonos la verdad y es que, sumergidos en toda esa basura, no se puede escribir poesía, es una utopía, un sinsentido más allá de la razón misma de los aburridos intelectuales que creen hacer un oficio útil cuando hay tanta mente obtusa, tanto político. Y es que ver edificios y pavimento en las cantidades de la modernización espantó a las musas que, para sobrevivir, decidieron disfrazarse de putas baratas y pararse en la avenida 19 para dar paso a la literatura urbana e inspirar poeticas de academia, literatos de esos que se masturban a ambas manos de solo pensar que son un Rimbaud o un Baudelaire. Huelen todos a ese tufo de vino barato que solo puede referirse a su entorno y que disfraza el asco del desarrollo contenido entre capas de asfalto y publicidad desmedida que atiborra los bolsillos de tanto yuppie con blackberry, de tanta india fea vestida de channel chimbo, de tanto dientón hablando de infraestructura, de tanto hijueputa vivo caminando entre nosotros.

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