sábado, septiembre 20, 2008

Señor periodista...

Señor periodista, ¿no se cansa de andar inmerso en un día a día anodino, pasajero, insulso? ¿No se cansa usted de andar para arriba y para abajo, recogiendo testimonios falsos de hombres y mujeres irreales para presentarlos ante una masa sin forma, amarga y desagradecida? ¿No lo abruma el silencio de lo que realmente importa y el estruendo de lo idiota? ¿No le molesta ser maquinaria de lo falso, puente de lo perverso, altoparlante de lo políticamente correcto pero socialmente injusto? ¿No preferiría, de vez en cuando, quitarse la corbata y salir en una bicicleta vociferando los kilos de perico que se mete su jefe, el sueldo que le pagan a usted, la seguridad social que le ofrecen, el horario al que lo tienen sometido?
No es su culpa, de eso estoy seguro, pero ello tampoco lo exime de la responsabilidad de ser un idiota útil que se entrega 12 horas al día a fines perversos que ensucian la mente de la humanidad. Usted es un productor de basura impresa, radial, audiovisual, mental, física… ¿Qué usted no siente responsabilidad por lo que pasa en este país? No me esperaba más, porque para eso lo entrenaron esos chanchos que sientan sus culos ante los micrófonos y que creen embelesar a todo un país con la sarta de mentiras que sale de sus bocas putrefactas, que hieden a mentiras y a restaurantes cinco estrellas, a buchanan’s.
Y a usted le ganó el ego, se siente lindo en esa pantalla del televisor, incorruptible en un mundo injusto. Se oye bonito por radio, se siente orgulloso de sobresalir entre las cuarenta millones de voces que agonizan en este país. Las historias que cuenta nos son las suyas, al fin y al cabo, usted es sólo un narrador de miseria, un amplificador de las decisiones de otros.
Por favor, ahora no me venga con el cuento de que usted hace literatura, que me tiene hastiado ese cuentico que se inventaron unos imbéciles que empezaron a tender puentes en la selva para cruzar ríos invisibles, teorizando lo obvio para hallar similitudes entre una vaca y un meteorito, corrompiendo lo incorruptible, subsanando lo intacto.
Tampoco me diga que quiere llegar a donde otros ya llegaron a afianzar poderes que no les pertenecen; ahí prima su vanidad, su ansia de pantalla, de maquillaje. ¿Quiere que lo vean los compañeros de colegio? Arrójese por el salto del Tequendama y sea, por primera vez, el protagonista de una historia, narrador narrado, marrano servido y engullido.

1 comentario:

CARLOS ARTURO GAMBOA dijo...

Hola David, interesante texto como para llevárselo a mis estudiantes de periodismo, creo que más de uno renunciaría...haré el ejercicio.