Hablar, esa habilidad comunicativa, es la posibilidad de validar la basura que se procesa en nuestro cerebro, que deviene, según algunos, del alma y que termina en acciones burdas y malintencionadas. ¿Alma? ¿Acciones malintencionadas? ¿Qué mierdas tiene que ver todo eso con la acción de hablar?
Esa acción inherente a la mayoría de los seres humanos, aprendida pero no aprehendida, debería ser abolida porque no es producto de la evolución sino de la involución de la especie. Gracias a la capacidad de hablar (bien o mal) llegó un loco como Hitler al poder, tenemos a un Uribe en la Presidencia de Colombia y se gastan miles de millones en los Congresos para poner de acuerdo a doscientos simios parlantes pero no pensantes. Gracias a la habilidad de hablar la gente pronuncia tatsi y no taxi..., gracias a la habilidad de hablar, relacionada con la de escribir, Poncho Rentería es uno de los columnistas más leídos y Walter Riso uno de los escritores más vendidos.
Gracias a la posibilidad de hablar existe una sección de farándula en todos los noticieros, presentada por tontas cada vez más tontas que fácilmente de ahí pasan a un programa de opinión, adivinen a qué...¡a hablar!, a opinar, como si en esos cerebros vacíos se procesara algo más aparte de mierda.
Cualquiera dirá que gracias a la habilidad de hablar, repito, relacionada con la de escribir, hay un Don Quijote, una Iliada o una Divina Comedia…, pero ¿cuántos colombianos han leído cualquiera de estos libros? Y en cambio ¿Cuántos no han gozado una y otra vez con las historias de chismes que salen de las descerebradas presentadoras de noticias? ¿Cuántas amas de casa no han mojado los calzones con las palabras del Presidente Uribe, con esa templanza, esa verraquera, ese empuje, esa putería? ¿Cuántos yupies idiotas no han creído que Claudia Gurisati (no conozco la grafía correcta de este apellido ni la quiero conocer) es la rubia teñida más inteligente del mundo?
Hago un llamado al silencio universal, por el bien de nuestros hijos, de nuestros oídos, de los pocos cerebros que quedan en buen estado en este ajado y maltrecho planeta. Por favor, callemos en nombre de la cordura.
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